
The Visitor
16/11/2018
Germania Anno Zero
14/12/2018
FICHA TÉCNICA
Título original “Wild River”
Año 1960
Duración 109 min.
País Estados Unidos
Dirección Elia Kazan
Guión Paul Osborn
Música Kenyon Hopkins
Fotografía Ellsworth Fredericks
Reparto: Montgomery Clift, Lee Remick, Jo Van Fleet, Albert Salmi, Jay C. Flippen,
James Westerfield, Bruce Dern, Barbara Loden
Productora 20th Century Fox
Género Drama | Años 30. Vida rural (Norteamérica). Drama sureño
Sinopsis:
América, años treinta. Chuck Glover (Montgomery Clift) es un funcionario del Gobierno del Valle del Tennessee, encargado de expropiar las tierras ribereñas, cuyos habitantes sufren con frecuencia los devastadores desbordamientos del río. El objetivo es, además de evitar catástrofes, construir una presa hidroeléctrica que garantice el progreso de la región. Pero ese proyecto exige la demolición de las viviendas de una pequeña población y la evacuación de sus habitantes. Y el caso más difícil de resolver es el de una mujer de 80 años (Jo Van Fleet), que se resiste con todas sus fuerzas a abandonar el hogar de sus antepasados. Mientras tanto Chuck se va enamorando de la nieta de la anciana, la bella Carol (Lee Remick). (FILMAFFINITY)
PRESENTACIÓN "RIO SALVAJE"
El “New Deal” (o “Nuevo Trato”, traducido a nuestro idioma) fue un conjunto de medidas económicas puestas en marcha por el presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt entre 1933 y 1937, para actuar de forma enérgica sobre lo que se consideraban las causas de la grave crisis surgida a raíz del crack de 1929: leyes de reforma de los bancos, programas de asistencia social, de ayuda para el trabajo, o programas agrícolas, con el objetivo de sostener a las capas más pobres de la población, reformar los mercados financieros y re dinamizar una economía herida por el desempleo y las quiebras en cadena. Todo esto, o al menos parte, tiene que ver con la película que veremos esta noche, “Río Salvaje”, de Elia Kazan.
En 2011, el director de cine MARTÍN Scorsese, premio Princesa de Asturias de las Artes de este mismo año, estrenó en el Festival de Venecia un documental llamado “Letter to Elia” (que he visto) un tributo u homenaje a Elia Kazan por su contribución al cine y cómo sus películas influyeron en su propia carrera como director.
El crítico Carlos Boyero escribía entonces desde el Festival de Venecia: ...”la memoria de Scorsese es tan agradecida y tan generosa, que además de hacer sus propias películas, también se dedica a rendir memorables tributos y actos de amor mediante el formato del documental a las cosas que hicieron más feliz su vida (...) Ahora vuelca su mirada en un complejo individuo de Anatolia, escritor notable y extraordinario director de cine llamado Elia Kazan. Scorsese se pregunta obsesivamente qué rasgos de carácter se precisan para ser un auténtico director de cine. Y en la personalidad de Kazan encuentra algunas respuestas. Pero no olvida que su ídolo fue un turbio delator en la caza de brujas, que ayudó a causar la ruina, el desempleo, el destierro o la cárcel de bastantes de sus amigos y colegas profe¬sionales. Pero también está convencido de que a raíz de esa felonía y del desgarro interior que le causó, nació su mejor cine...”
Unos años antes, en 1999, la Academia de Hollywood otorgó a Elia Kazan un Óscar honorífico “por el conjunto de su vida y de su obra” (Él ya tenía dos: por “La barrera in-visible” y “La ley del silencio”) y Elia Kazan, de 89 años y ya muy desgastado físicamente, apareció en el escenario apoyándose en los brazos de Martín Scorsese y Robert De Niro (protagonista de su última película) que se prestaron a entregarle la estatuilla. Mientras en la calle unas 200 personas se manifestaban con pancartas donde se leía “Kazan chivato”, la mayoría de los asistentes permanecieron sentados cuando apareció Kazan y se negaron a aplaudir, demostrando así su rechazo a ese premio: muchos nunca le perdonarían su colaboracionismo con el macartismo y su “caza de brujas”.
Kazan dio las gracias a la Academia “por su coraje y generosidad”, y se despidió en voz baja diciendo "Es hora de que me marche". Pero nunca se retractó de su denuncia de al menos ocho compañeros, de ser miembros del partido comunista (al que él perteneció de 1934 a 1936), entre ellos el dramaturgo y amigo suyo Clifford Odets, o la mujer de Lee Strasberg, con el que había trabajado en el teatro y en el prestigioso Actor Studio. Y en su voluminosa autobiografía -”Una vida”- a lo más que llega es a confesar que "esa cosa horrible, inmoral que hice, la hice por voluntad propia". Y argumentaba la delación explicando que “En un momento tuve que escoger entre seguir haciendo cine o sostener una causa en la que ya no creía, e hice una buena elección”. Este suceso -la traición a sus compañeros- le sumió en una profunda crisis de la que surgieron sus mejores y más personales películas, empezando por “La ley del silencio” para terminar con “El último magnate”. Y muchos años después, en sus memorias, Kazan escribió sobre aquel suceso: “Pensaba que tuvieron razón al odiarme, pero que yo no debía odiar a mi vez”. No obstante, tuvo que vivir permanentemente con el estigma de la delación, que le persiguió aún después de muerto.
Director, productor, guionista, actor y escritor (publicó tres novelas y su autobiografía, que también he leído), Elia Kazan había nacido en Estambul y pertenecía a una familia griega oriunda de Armenia bajo el dominio turco; es decir, a una de las minorías raciales más duramente oprimidas. Y a los cuatro años emigró con sus padres a los Estados Unidos.
A mediados de los años treinta, Elia Kazan -entonces un comprometido artista de izquierdas- comenzó a destacar como director de teatro, triunfando en Broadway con obras como “Muerte De Un Viajante”, “La Gata Sobre El Tejado De Zinc” o “Un Tranvía Llamado Deseo” Kazan, al fin y al cabo, era fundamentalmente un director de teatro que hacía cine; pero verdadero cine, donde sus películas se centraban siempre en el propósito del tema que iba a tratar, la actuación de los intérpretes y una plástica poderosa. Y no se pueden olvidar películas como “La ley del silencio”, “América, América”, “Viva Zapata”, “Al este del Edén” o “Esplendor en la hierba”, que contribuyeron al mejor cine norteamericano.
También cofundó el mítico Actor's Studio, de donde saldrían Marlon Brando o James Dean, y se formarían otros como Paul Newman, Anne Bancroft, Al Pacino, Dustin Hoffman, Robert de Niro y la mismísima Marilyn Monroe.
Según confiesa en sus minuciosas y extensas memorias (1.000 páginas), Elia Kazan tenía un método para trabajar con sus actores y obtener grandes interpretaciones de ellos. En lugar de decirles qué hacer -como lo hacía la mayoría de los directores-, él les indicaba qué pensar y qué sentir.
“Cuando yo era comunista -cuenta Elia Kazan en el libro “Elia Kazan por Elia Kazan”, un libro donde se le hace una profunda entrevista de 300 páginas-, iba a menudo al Tennessee para ver a un hombre que estaba a la cabeza de la sección comunista del lugar y tuve entonces una idea para una película que después tardaría veinticinco años en realizarla (se refiere a “Rio Salvaje”). “Recuerdo esos años en los que el país desbordaba de esperanzas y el porvenir parecía lleno de promesas”... Mientras, iban pasando los años, y él mismo comenzó un guión del que hizo tres versiones y en vista de que no le acababa de convencer contrató a dos guionistas, primero a Ben Madow (guionista de “La jungla de asfalto”, apartado durante unos años del cine por la Caza de Brujas) y luego a Calder Willigham (guionista de “Senderos de Gloria” o “Pequeño Gran Hombre”). Pero tampoco. Y al final se lo encargó a un prestigioso dramaturgo, Paul Osborn, con el que ya había trabajado cuando hizo “Al Este del Edén”. Y este es el guión que se rodó.
Hoy, por primera vez en nuestro Cine Club, vamos a ver actuar a Montgomery Clift, que, junto a Marlon Brando y James Dean, formó el gran trío de rebeldes de un Hollywood cuyas leyes y apariencia no respetaron nunca pero revolucionaron el arte interpretativo con aquella gestualidad estudiada y sus largos silencios, encarnando la personalidad de los antihéroes. Clift tenía una inquietante biblioteca sobre toda clase de enfermedades, una farmacia portátil que llevaba consigo a todas partes y un tocadiscos que repetía, durante horas, la misma canción: "La noche no arregla nada, Mary Loo, da lo mismo que pasen las horas"...
Inconformista, vulnerable, atormentado, rebelde, homosexual, su primera película fue “Río Rojo”, junto a John Wayne. Luego vinieron “Los ángeles perdidos”, “La Heredera”, “Un lugar en el sol”, “Yo confieso”, “De aquí a la Eternidad”, “El árbol de la vida” (en la que después de una fiesta en casa de su amiga Elizabeth Taylor, en estado etílico profundo, sufrió un accidente de coche que provocó la desfiguración de su rostro). Gracias a una laboriosa cirugía, Clift pudo regresar al cine pero con otro rostro y no tan agraciado, si bien todavía pudo hacer “De repente el último verano”, Río Salvaje, “Vencedores o Vencidos”, “Vidas Rebeldes” y “Freud, pasión secreta” (no está mal su filmografía). Falleció a los 45 años, cuando se preparaba para participar en la película “Reflejos en un ojo dorado”, que acabó haciendo Marlon Brando (y que seguramente veremos la próxima temporada).
Acompaña a Montgomery Clift la actriz Lee Remick, que hizo teatro y televisión antes de dar el salto al cine gracias precisamente a Elia Kazan, quien la hizo debutar en su película “Un rostro en la multitud”. Después la vimos en “El Largo y Cálido Verano”, “Anatomía de un asesinato”, “Días De Vino y Rosas” o “Chantaje contra una mujer”. Murió joven, con 55.
Jo Van Fleet es el tercer personaje de “Río Salvaje”, que rodó muy pocas películas, porque su carrera la desarrolló en el teatro. La primera fue “Al este del edén” (Óscar a la mejor actriz secundaria) haciendo de madre de James Dean y con Kazan de director. Luego vinieron “Duelo de titanes”, “La rosa tatuada”, “Mañana lloraré”, o “El quimérico inquilino”, de Polanski. Tenía 46 años cuando hizo “Río Salvaje,” pero su personaje es una mujer de ochenta.
Sé que bien para muchos -y mal para otros cuantos-, vamos a ver “Río Salvaje” en versión original -con subtítulos, claro- porque me parece fundamental escuchar las voces de sus actores, especialmente las de Montgomery Clift y el trabajo de Jo Van Fleet, y alguna cosa más, como la voz de los negros, que antes, cuando los doblaban, todos hablaban con un deje falso.
Una vez le preguntaron a Elia Kazan qué clase de persona debería ser un director de cine. Y él respondió: “Una de piel dura y alma sensible.”
PARA EL COLOQUIO
Hemos visto una historia honda, intensa, que nos ha hablado de unos personajes sumidos en un conflicto en el que se debate sobre el progreso y el pasado. “Río Salvaje” es una defensa a favor del reconocimiento del “otro”, de sus motivaciones y razonamientos, más allá de convicciones y prejuicios.
Lo que engrandece a la película son los detalles, los objetos, las miradas y los silen-cios: la escopeta del marido, la cama de Carol, las dos mecedoras. Kazan es consciente de que una mecedora vacía puede decirnos mucho más que cualquier discurso.
”Es la primera película en la que yo quería ser tan lírico como fuese capaz, incluso hasta parar la acción”, contaba Elia Kazan en el libro “Elia Kazan por Elia Kazan”. Y, realmente “Río Salvaje” destila sensibilidad y lirismo por los cuatro costados. Porque Elia Kazan dirige como al parecer él sabía hacerlo en el teatro, con pausas, con silencios, así como en las buenas y eternas películas.