
Germania Anno Zero
14/12/2018
Antes de la lluvia
11/01/2019
FICHA TÉCNICA
Título original “Madame de...”
Año 1953
Duración 102 min.
País Francia
Dirección Max Ophüls
Guión: Max Ophüls, Marcel Achard, Annette Wademant (Novela: Louise de Vilmorin)
Música Georges Van Parys, Óscar Strauss
Fotografía Christian Matras (B&W)
Reparto: Danielle Darrieux, Charles Boyer, Vittorio De Sica, Jean Debucourt, Lia
de Lea, Mireille Perrey, Jean Galland
Productora Coproducción Francia-Italia; Franco London Films, Indus-Rizzoli, Rizzoli
Film
Género Drama | Siglo XIX. Drama romántico
Sinopsis:
Urgida por la necesidad de dinero para cubrir sus cuantiosos gastos, una condesa vende unos pendientes que le regaló su marido, y a éste le dice que los ha extraviado. El joyero, indiscreto, le cuenta al conde lo sucedido, y le vende la joya que, tras distintos avatares, llegan a manos de un diplomático italiano. (FILMAFFINITY)
PRESENTACIÓN "MADAME DE…"
Andrew Sarris, el crítico norteamericano más feroz de su tiempo, escribía hablando de la película de hoy: “Cuando me han pedido que nombre la mejor película de todos los tiempos, mi respuesta instantánea ha permanecido invariable durante los últimos 30 años: Madame de..., de Max Ophüls”, que a continuación veremos.
No es la primera vez que Max Ophuls (1902-1957) nos visita en el Cine Club. Aquí hemos visto dos películas suyas, “Carta de una desconocida” (con Joan Fontaine y Louis Jourdan), que gustó mucho, y “Almas Desnudas” (con Joan Bennette y James Mason), que no gustó nada.
Ophüls es el director más obsesionado con las superficies, con el aspecto visual, con movimientos de cámara elaborados.
Max Ophüls comenzó su trayectoria en el mundo del espectáculo en los años 20 como actor y director teatral. De origen judío, emigró a París y rodó en distintos países europeos. Se hizo ciudadano francés en 1938. Huyendo otra vez de los alemanes llegó a los Estados Unidos en 1941, Ophüls admiraba la eficiencia del sistema de estudios entonces en Hollywood, que casaba bien con su estilo de cine, pero regresó a Francia en 1949. Su carrera a partir de aquí (en la que hizo “La Ronda”, “El Placer”, “Madame de…” y “Lola Montes”, su último trabajo), no fue valorada en su justa medida en su momento, pero si tiempo después. Estaba preparando una película sobre el pintor Modigliani -“Los amantes de Montparnasse”-, que finalmente fue dirigida por Jacques Becker-, cuando falleció de un ataque al corazón a los 51 años.
Los tres protagonistas de la película de hoy son tres grandes del cine: Danielle Da-rrieux, Charles Boyer y Vittorio De Sica.
Danielle Darrieux hizo su último trabajo para el cine en el año 2011, seis años antes de cumplir los 100 y morir al poco tiempo. Trabajó junto a los grandes actores del cine francés de entonces, como Jean Gabin o Charles Boyer. Entre sus mejores películas destacamos “Operación Cicerón” (que ya vimos aquí) “Landrú”, que dirigió Chabrol o “Las señoritas de Rochefort”. También trabajo con los directores Marc Allegret, Sacha Guitry y Claude Sautet. Pero quien le regaló sus mejores papeles fue Max Ophüls, en tres de sus películas: “La ronda”, “El placer”, y Madame de..., según ella su película favorita. Danielle Darrieux será recordada siempre por sus papeles de mujer sofisticada y elegante, algo frívola, moviéndose como pez en el agua en los cír¬culos de la alta sociedad y la nobleza.
Charles Boyer fue un actor muy querido del cine francés y del norteamericano, donde también rodó unas cuantas películas, porque las americanas adoraban su aire francés, su fuerte acento y su característico tupé; pero sobre todo sus ojos abiertos como a media asta que castigaron a las mujeres fatales del cine, de las que fue “parte¬naire”, como Jean Harlow, Marlene Dietrich, Bette Davis, Greta Garbo, Hedy Lamarr o Ingrid Bergman.
Entre sus películas recordamos ”Argel”, “Cena de medianoche”, “María Walewska”, “Luz que agoniza”, “Si no amaneciera”, “Seis destinos”, o más tarde “Los cuatro jinetes del apocalipsis”, “Stavisky” de Alain Resnais y “Nina”, que fue su última película.
Charles Boyer se casó una sola vez y su matrimonio duró 44 años. Dos días más tarde de la muerte de ella, Charles Boyer se suicidó con una sobredosis de “Seconal” y no dejó ninguna carta de despedida. Tenía 81 años.
Vittorio de Sica, el otro protagonista, tiene una trayectoria más interesante como director, que como actor, pues no hay que olvidar sus tres grandes películas: “Ladrón de bicicletas”, “El limpiabotas” y “Milagro en Milán”. Pero como actor, destaca sobre todo su gran trabajo en la película de Rossellini “El general de la Rovere”, sin olvidar “Pan, amor y...” Pero también intervino en grandes coproducciones, como “Adiós a las armas” o “Las sandalias del pescador”. Siempre se cuenta que era muy aficionado al juego y que perdió grandes sumas. De Sica, en sus películas, ha defendido a la hu¬manidad de los que sufren. Precisamente, en 1955 se le concedió el Trofeo de Oro de Selznick por "los valores humanos expresados en sus filmes". Tuvo amores con dos ac¬trices españolas: Mimí Muñoz, de la que tuvo una hija (la luego actriz Vicky Lagos), y María Mercader, con la que después de muchos años de ser amantes (él estaba casado) pudieron formar un matrimonio.
La autora de la novela de Madame de... es Louise de Vilmorin, que pertenecía a una famosa y riquísima familia de botánicos y fue heredera de una gran fortuna. En su juven-tud estuvo comprometida con Antoine de Saint-Exupéry, el del “Principito”. Además de sus novelas, trabajó como guionista en “Los amantes” de Louis Malle y como actriz en dos películas. Los últimos años de su vida los pasó junto a otro amor de juventud, André Mal-raux, el político francés que participó en la Guerra Civil española junto a los republicanos, y es autor de las novelas “La Esperanza” y “La condición humana”.
Termino con una frase de Max Ophüls: "La cámara existe para crear un arte nuevo y para mostrar sobre todo lo que no se puede ver en otro lugar: ni en el teatro ni en la vida".
PARA EL COLOQUIO
Acabamos de asistir durante cien minutos -en una excelente copia restaurada- a “la elegancia dentro de la elegancia”, el refinamiento y la exquisitez de un mundo que ya no existe: los carruajes, las veladas con frac y chistera, las cacerías a caballo, los duelos, los uni¬formes militares, los candelabros, los criados solícitos, los palacetes opulentos, los amoríos de opereta, los señores con monóculo... Todo eso en esta historia que sucede a finales del siglo diecinueve -la “Belle Époque”-, en Francia, donde los personajes viven dentro de un melodrama que tiene un aire de comedia sofisticada, y en el que mienten y se buscan subterfugios para sobrevivir. Recordemos la frase que define al matrimonio: “Nuestra relación es sólo superficialmente superficial”, le dice el general a ella.
“Adoro el pasado, es mucho más pacífico que el presente, y mucho más seguro que el futuro”, decía un personaje en una de sus películas.
Hagamos un resumen de la rocambolesca historia de “Madame de...” partiendo del devenir de los pendientes. Como si fueran un objeto maldito, van pasando de mano en mano. Por diez veces los pendientes cambian de propietario, hasta que Madame de... se los ofrece a la imagen de una virgen para que salve a Fabrizio en el duelo. Probablemente, nada hubiera ocurrido de no haber sido por esas joyas...353
La cámara de Max Ophuls sigue a sus personajes sin controlarlos. Los personajes son, como todos nosotros, prisioneros del tiempo.
Por otro lado, los personajes de esta película también parecen atrapados dentro de los espejos que los reflejan, o detrás de los cristales. “A Madame de...”, la vemos por primera vez, su rostro, “atrapado dentro de un espejo”.
Louise no ama a su pareja y viceversa. No hay más que ver cómo André y ella se tra¬tan de usted. Lo que los une es una relación de complacencia y costumbre. Sólo hay cierto respeto. Él le aporta a ella una buena posición y ella a él belleza y juventud. La comunicación entre ellos es escasa, pero mantienen las apariencias. Su relación es fría y distante. Mientras que la que se establece entre los amantes es pasional, dinámica y cercana.
El clímax de la relación entre Louise y Fabrizio, es el interminable vals que bailan mientras el tiempo -como siempre en Ophüls- transcurre.
La cámara, en sus viajes siguiendo a los personajes principales, nos descubre cosas que se encuentra por el camino, aquello que normalmente no se enseña. Las vidas de los otros que se cruzan en nuestro camino mientras caminamos. Y Ophüls nos lo enseña.
La película se abre con la presentación de “Madame de...” en un plano que se inicia viendo el joyero en el que brillan unos pendientes que son diamantes. (“Lo malo es que me los regaló nada más casarnos”...) mientras su mano examina joyas, sus visones, sus sombreros o vestidos, con el objetivo de elegir alguno de esos objetos para venderlo y saldar así unas deudas. Al final del mismo plano (lo que se llama “plano secuencia”) y mediante el reflejo en un espejo, advertimos el rostro de Danielle Darrieux. No se nos ha dicho nada acerca de ella, pero lo que Ophüls nos muestra con su cámara nos sirve para definir completamente su personalidad.
”Al fin y al cabo son míos”, se dice ella decidiéndose por los pendientes, regalo de boda de su marido, con lo cual nos da una prueba de cómo son sus relaciones en ese momento. En cambio los acaricia y se aferra a los mismos cuando el que se los regala es Fabrizio Donati, y entonces se convierten en símbolo de su amor. Los mismos pendientes.
Estos pendientes establecen la relación de poder de los personajes masculinos sobre los femeninos, con los que, parece, un hombre puede poseer a una mujer.
(Ophüls decía que un actor se olvida de que está interpretando cuando se le obliga a una acción física como subir o bajar escaleras, caminar o bailar y entonces es más el personaje. También se cuenta que Ophüls solía poner un objeto en primer término, un mueble, una cortina, una lámpara (como hemos visto) porque así, según él, el actor, al verse detrás de algo, ponía más interés en su trabajo para compensar que no se le viera claramente).
Todos viven de cara a la galería y han de participar en una vida social llena de false¬dad. Es aceptado que se tengan pretendientes (en el caso de ellas) y aventuras extramatrimoniales (en el caso de ellos), pero más vale no traspasar ciertos límites “morales”, sobre todo si eres una mujer. La hipocresía que reinaba en las clases más pudientes.
En la historia han transcurrido dos años desde que ella va al joyero por primera vez.
La ópera que están viendo (y que no vemos) es “Dido y Aenas”, de Purcell.
Los diálogos del dramaturgo Marcel Achard son excelentes, que fue conocido despectivamente dentro del cine como “El especialista en el amor”.
“Si los diplomáticos hiciesen bien su trabajo, necesitaríamos menos militares”.
“Antes de separarme de este collar me ahorcaría”.
“No soy razonable, pero la cifra es bonita”.
“Para dejar una mujer basta con dejarla irse”, le dice la examante al general.
“No le quiero, no le quiero”, dice ella, pero la imagen expresa lo contrario. Y se abrazan, y se besan.
“Miento muy mal”, dice ella a su marido.
El marido: “no se da cuenta de que es muy coqueta, pero no puede enmendarse”.
“Y ojos negros, como hoy”...
“¿De qué sufre?”... “De humillación”, contesta Madame de...
André le dice a Louise “que debiera ser más comedida con los desmayos. Hasta ahora nunca ha rebasado los tres minutos que corresponden a una dama”. Pero también cuenta que, durante el terremoto de Lisboa estuvo desfallecida durante ¡20 minutos!
Fabricio Donati busca en el diccionario la palabra que le falta para terminar la carta que ha escrito a Louise: “deseo”.
JESÚS YAGÜE