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FICHA TÉCNICA
Título original "Une histoire simple"
Año 1978
Duración 107 min.
País Francia
Dirección Claude Sautet
Guión Claude Sautet, Jean-Loup Dabadie
Música Philippe Sarde
Fotografía Jean Boffety
Reparto: Romy Schneider, Bruno Cremer, Claude Brasseur, Arlette Bonnard, Sophie
Daumier, Eva Darlan, Roger Pigaut, Francine Bergé, Nadine Alari, Vera Schroeder,
Pierre Sem, Jean-François Garreaud, Yves Knapp, Madeleine Robinson
Productora: Coproducción Francia-Alemania;
Género Drama
Sinopsis:
Marie, una exitosa diseñadora, divorciada y madre de un adolescente, se encuentra en un momento crucial de su vida: tras romper con su amante y abortar el bebé que esperaba, decide volver con su ex marido, a pesar de que éste mantiene una relación con una mujer mucho más joven. Paralelamente su círculo de amistades también afronta sus propios problemas sentimentales que les conducen a inesperadas y dolorosas situaciones. (FILMAFFINITY)
PRESENTACIÓN "UNA VIDA DE MUJER"
Hoy vamos a ver una película de un director que nunca ha estado considerado en¬tre los más importantes de su generación y que su obra filmada no ha sido considerada como la de otros grandes realizadores de su época. Pero nada más lejos de la realidad, para aquellos que entendemos que el cine y la fama no siempre van en la misma dirección y que muchas veces los criterios imperantes e impuestos por los productores, los críticos y el público no se adecuan al talento que algunos directores tienen y que ha hecho que su filmografía perdure a lo largo de los años.
El director de "Una Vida de Mujer" no es otro que Claude Sautet, del que hace un par de temporadas ya revisamos en este Cine Club con una película posterior a la que hoy vamos a visionar, "Nelly y el Sr. Arnaud". Como he leído por ahí: "un maestro del cine que rara vez figura en las grandes listas del séptimo arte.
Más de media vida le llevó a Claude Sautet acceder a un nivel de verdadera maestría. Había nacido en Montrouge el 23 de febrero de 1924, y desde niño fue un apasionado por la escultura y la decoración. Después de la liberación se afilió al partido comunista, del cual se separó en 1952, aunque su interés había seguido volcado a las artes, en especial en el área de la música. Mientras tanto, para subsistir se ganaba la vida como crítico de arte para la revista Combat. Pero una proyección de Amanece de Marcel Carné le cambió la vida porque, según propias declaraciones posteriores, ese film lo dejó en éxtasis. De inme¬diato (1951) ingresó al Instituto de Altos Estudios Cinematográficos (IDHEC), donde es¬tudió realización. Ya diplomado, trabajó hasta 1959 como asistente de dirección, mientras en lo personal se veía paulatinamente influenciado por el cine de clase B de Hollywood y el policial de serie negra. En esos años debutó como realizador con Bonjour, Sourire (1956), que sin embargo fue una comedia en tono de fábula acerca de una princesa que no puede reír y dos cómicos que intentan romper el hechizo. Primera decepción de Sautet: la pelí¬cula fue totalmente ignorada por público y crítica.
El joven debutante debió esperar cuatro años para volver a situarse tras la cámara. Como fiera acorralada (Classe Tous Risques, 1960) fue una historia policial con Lino Ven-tura y Jean-Paul Belmondo, que evidenció desusada fuerza en la construcción de personajes plausibles y situaciones límites. En favor del film y de Sautet hay que decir que su película, pese a estar inspirada en el noir americano, tiene impronta del cine polar francés. Esta histo¬ria se mueve entre las brumas de Montmartre, mientras los gangsters toman pernod en lugar de bourbon. Esas virtudes de nada sirvieron, porque con la Nouvelle Vague en pleno auge los críticos de Cahiers du Cinéma calificaron al film como: "demasiado ortodoxo y pasado de moda". Era la segunda decepción de Sautet, y ésta totalmente inmerecida.
Por ese motivo durante los años 60 Sautet subsistió como supervisor de diálogos y libretos para realizadores como Marcel Ophüls, Jacques Deray, Jean Becker y François
Truffaut, y aunque volvió a dirigir un film en 1965 el resultado no convenció a nadie. "Armas para el Caribe" (L’arme à Gauche).
Por eso en 1970 "Las cosas de la vida" (Les Choses de la Vie) vino a marcar un antes y un después en la obra de Claude Sautet. Luego de una década de retiro casi total de su rol de cineasta, allí Sautet encontró su musa definitiva en la actriz austriaca Romy Schneider, pero también entabló amistad sincera y prolongada con el actor Michel Piccoli y con otros colaboradores: el libretista Jean-Loup Dabadie, el fotógrafo Jean Boffety y el músico Philippe Sarde. Esta película fue premiada con el Premio Louis Delluc, el premio con mayor prestigio del Cine Francés.
A partir de 1970 vinieron los mejores años de Sautet, "El inspector Max" (Max et les Ferrailleurs, 1971), "César y Rosalie" (Cesar et Rosalie, 1972) , "Vicente, Francisco, Pablo y los otros" (Vincent, François, Paul et les Autres, 1974), Mado (1976) y la que vamos a ver hoy "Una historia simple" (Une Histoire Simple, 1978).
En esta película en la que se plasma la vida y circunstancias de varios personajes relacionados entre sí descritos de una manera sencilla desde una óptica que prescinde deliberadamente de toda construcción intelectual, procurando apresar la vida sin ningún tipo de razonamiento. Por eso se trata realmente aquí de una historia simple, que muestra las frustraciones y las esperanzas afectivas de varios personajes entrelazados, de los cuales se muestran y explican pocas cosas, apenas una sucesión de encuentros, diálogos, acercamientos y tensiones nunca nítidos en su significado. Es en esa sencillez de enfoque, en el talento para insinuar sin decir y permitir de esa forma múltiples lecturas, que Sautet cifró el encanto de su cine, que tiene el aroma de una cercanía auténtica a los problemas de seres reales. Tal vez por ello Romy Schneider lució una belleza menos sofisticada de lo habitual en ella, y tal vez también por eso confirió a su personaje un peso de veracidad muy apreciable.
Entre 1970 y 1976, Claude Sautet rodó cuatro películas con Romy Schneider ("Les Choses de la vie", "Max et les Ferrailleurs", "César y Rosalie" y "Mado"). En "Mado", la actriz solo interpretó a un personaje secundario y sufrió por no filmar más con el director que tan bien la había puesto en el centro de atención. Para tranquilizarla, el director le había prometido una película en la que ella tendría el papel protagónico durante sus cuarenta años y, ansioso por cumplir su promesa, encuentra a su guionista favorito Jean-Loup Dabadie para un proyecto cuya intención es hacer una película con Romy y por Romy
En "Une Histoire Simple", Sautet habla de la mujer en sentido amplio, Marie es una mujer entre otras mujeres, sus amigas son parte de su entorno profesional, cada una de ellas sacude la cabeza con los problemas que afronta lo mejor que puede, pero demuestren la capacidad de ayudarse, apoyarse y amarse mutuamente. La presencia de cada una de ellas en la pantalla nunca se reduce a una anécdota, todas tienen un carácter real que defender y en definitiva representan la forma de ser mujer en el corazón de la Francia. Giscardienne.
En esta historia de mujeres, sin embargo, los hombres no se reducen al dolor. Como siempre, Claude Sautet pudo encontrar los intérpretes adecuados para revelar un amplio espectro de hombres. Tres actores notables para tres registros extremadamente diferentes son el corazón masculino de la película. Roger Pigaut(Jérôme), silencioso, suicida, con la mirada perdida, Serge ( Claude Brasseur ), el macho que deja Marie y que se aferra a ella y a Georges ( Bruno Cremer), el exmarido, realista, líder sindical en sus botas, comprensivo y humano. Todos son el reflejo de la debilidad masculina sin oscurecer el lado conmovedor y conmovedor de personalidades complejas y nunca monolíticas.
La puesta en escena de Claude Sautet es un arte invisible. Aquí todo parece fluir con naturalidad como siempre, desde las escenas favoritas del director en cervecerías llenas de humo y ruidosas de las que se extrae la realidad de la vida hasta secuencias más íntimas, cuya aparente sencillez esconde un trabajo minucioso y exigente. También encontramos esta propensión a filmar a través de las ventanas como por decencia de un observador al que le gustaría ver sin ser visto. Con esta película, Sautet , fiel a sí mismo, alterna escenas corales y destinos individuales con maestría y ofrece a Romy Schneiderun papel de oro (que le valió el César a la Mejor Actriz en 1979). Bella como siempre, a veces torturada, a veces apaciguada, ofrece una actuación de alto nivel, desvelando una gama de juegos de increíble riqueza, donde miradas y entonaciones son tantos matices complejos que exuda la actriz. Ella ya no juega, lo es: "¿Deberíamos filmar esta película? Veo las razones que me llevaron a hacer Una historia simple, pero no estoy seguro de haberlo hecho". Se preguntó el guionista. Solo podemos demostrar que se equivoca porque la película, aunque menos destacada que otras en su filmografía, es de una singular sutileza e inteligencia. Una historia simple resulta ser una brillante instantánea de la época, que refleja las inquietudes de sus autores y su mirada naturalista, siempre tan justa y delicada, puesta en sus contemporáneos.