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FICHA TÉCNICA
Título original "Un coeur en hiver"
Año 1992
Duración 105 min.
País Francia
Dirección Claude Sautet
Guión: Claude Sautet, Jacques Fieschi, Jérôme Tonnerre
Música Maurice Ravel
Fotografía Yves Angelo
Reparto: Daniel Auteuil, Emmanuelle Béart, André Dussollier, Myriam Boyer, Eli¬zabeht Bourgine, Brigitte Catillon, Stanislas Carré de Malberg, Jean-Claude Boui¬llaud, Dominique Williencourt, Jeffrey Grice, Luben Yordanoff, Nanou Garcia, Francois Domange, Van Doude, Jacques Villa, Galaxie Barbouth, Benoit Bellal, Pierre Cheremetieff, Severine Debels, Jean-Marie Fonbonne, Oguz Janos Lengyel, Anne Macina, Xavier Rothmann, Jean-Luc Bideau. Productora: Films Par Film, Orly Films, Sédif Productions, Panavision, Da Films, France 3 Cinéma
Género: Romance. Drama | Drama romántico
Sinopsis:
Stéphane y Maxime fabrican y reparan violines y otros instrumentos de cuerda. Un día Maxime le confiesa a su amigo que se ha enamorado de Camille, una joven y bella violinista. Los primeros encuentros entre Camille y Stéphane son fríos, pero poco a poco ella empieza a sentirse atraída por el frío e imperturbable socio de su novio. (FILMAFFINITY)
PRESENTACIÓN "UN CORAZÓN EN INVIERNO"
Esta tarde vamos a ver una película considerada por muchos críticos la mejor pelícu¬la de su director, Claude Sautet, que por primera vez traemos a este Cineclub.
En el tributo que le dedicó Víctor Hacha en L´Humanité, el 25 de julio de 2000, un día después de su fallecimiento podemos ver quien fue este director, que nunca estuvo ads¬crito a las tendencias de la época pero que describió como ningún otro la sociedad francesa de los tiempos de Valery Giscard d`Éstaing y de François Mitterrand.
Nacido en Montrouge, en la banlieu de Paris, el 23 de febrero de 1924, Claude Sau¬tet debe su amor por el cine y su deseo de convertirse en director a su abuela cinéfila que le hizo querer hacer carrera en el cine. Será escultor, luego pintor de escenarios cinemato¬gráficos después de una rápida transición a las artes decorativas. Apasionado de la música, trabajó por primera vez como crítico musical durante un año (1949-1950) en el periódico Combat, adhiriéndose al Partido Liberación del Partido Comunista, que abandonó en 1952. Durante la guerra, su encuentro con un editor de cine le permitirá hacer su primer curso de edición. Así se introdujo en el cine siguiendo los cursos del IDHEC, lo que le llevó a trabajar durante diez años como ayudante de dirección con Claude Autant-Lara ("Ocúpate con Amélie") o de Franju ("Ojos sin rostro"). Después de un cortometraje en 1951 (Nous n'irons plus au bois) y un primer largometraje Bonjour Sourire con Henri Salvador y Annie Cordy, los verdaderos inicios de Claude Sautet se remontan a 1960 con la realización de su primera película en un tono personal, "Classe todos los riesgos", con Lino Ventura, que se convertirá en su amigo, y Jean-Paul Belmondo. Es en este momento cuando notamos la calidad muy segura de su puesta en escena, de la que no se apartará nunca en el transcurso de sus cuarenta y cinco años de carrera marcados por lo que se llama una cierta vena francesa, en la forma en que filmó. Al mismo tiempo Sautet es un guiónista eficaz buscado por los profesionales del cine, que lo llaman cuando se encuentran con una historia inestable. Poco conocido por el público en general, colaboró en decenas de pelí¬culas sin que su nombre apareciera en los créditos, consolidando su reputación de hombre todo terreno hasta el estreno en 1970 de "Cosas de la vida" que le consagrará. Aquí nació su reputación de director sociológico al que le gustaba centrarse en la descripción de las penas sentimentales o los problemas económicos de la burguesía francesa. Luego se con¬virtió en el cineasta de los setenta con Vincent, François Paul y los demás, entre los que Sautet sobresale en la dirección de actores: Montand, Piccoli por supuesto, pero también Serge Reggiani, Gérard Depardieu o incluso Stéphane Audran o Marie Dubois. Aunque le gustaba fotografiar a los hombres, Sautet tenía debilidad por los papeles femeninos que estaban muy presentes en él y cuyo nombre le gustaba conservar para el título de sus pe¬lículas: "César y Rosalie", "Nelly y M. Arnaud", etc. Decía: "Las mujeres tienen un papel revelador. Siempre me ha llamado la atención este paso concreto hacia adelante en ellas, mientras que los hombres tienden a protegerse más". Claude Sautet, que se defendió de ser un sociólogo o un psicólogo detrás de su cámara, aprecia filmar a las personas en sus cualidades y sus contradicciones reflejando la gama de sentimientos humanos.
Pero si los setenta correspondieron a un éxito de público y de crítica, el director tendrá dificultades para adaptarse a los ochenta, llegando a preguntarse sobre su propio enfoque como cineasta: "Un joven productor me animó a seguir rodando, pero apartándome de todo lo que era moda para retratar a la clase media que duda de su aparente éxito social."
En "Un hijo malo" retrata la generación de los veinte a los treinta años, evocando los problemas ligados a las drogas, abordando de pasada la conflictiva relación de la juventud con sus padres. Sautet, como siempre, filma entre líneas, convirtiéndose en el apóstol de lo no dicho. El director, que teme repetirse, recurre a la publicidad. El tiempo justo para recargar las pilas y recuperar el gusto por la vida. Como demuestran los últimos largome¬trajes, "Unos días conmigo" pero también y sobre todo "Un corazón en invierno", una película orquestada como una partitura de cámara alrededor de una violonchelista solista y "Nelly y M. Arnaud" (con Emmanuelle Béart y Michel Serrault), que en 1995 le valió el César al mejor director., trabajando en la cuerda sensible de personajes ambiguos y com¬plejos prisioneros de su soledad, en el ocaso del amor.
Ángel Fernández Santos en su crónica en El País sobre la Mostra de Venecia en 1992, en la que esta película obtuvo el León de Plata, decía:
"Hace ahora 60 años Benito Mussolini hizo construir un Palazzo del Cinema en el Lido de Venecia. En 1932, en aquella primera Mostra, Greta Garbo inundó con su melan¬cólica mirada los pasillos del Gran hotel, y aquí cerca, al otro lado del mar, en las mismas montañas donde ahora sus habitantes se matan en lo que un día se llamó Yugoslavia, re¬nació el mito romántico, y por ello cruel, de Frankenstein. La francesa Emmanuelle Beart no es Greta Garbo, pero en "Un corazón en invierno", basada en la obra de otro monstruo romántico y cruel, el ruso Lermontov, se le acerca."
Un corazón en invierno está escrita y dirigida por un singular director francés al que pocos conocen, porque no es de los que se prodigan. Se llama Claude Sautet y cuida meticulosamente sus escasas películas. Ésta, por ejemplo, le ha costado cuatro años de pre¬paración. Cogió un día uno de los libros más hermosos escritos en el siglo XIX, "Un héroe de nuestro tiempo" de Lermontov, y se lo releyó por enésima vez. Y algo se movió en su imaginación. Le conmovió uno de sus relatos, aquél que cuenta la historia de un oficial de la aristocracia zarista que se finge enamorado para enamorar a la novia de un compañero de cuerpo, tan sólo para, cuando ella se le entrega apasionadamente, rechazarla con bestial indiferencia: "Yo a ti no te amo". ¿Cómo llevar a la pantalla, traída a nuestros días, esta rara y, al mismo tiempo delicada, brutal historia? Claude Sautet trabajó en el guión hasta la extenuación. Mimó cada escena, cada rasgo de cada personaje, la zona abismal de la crueldad del protagonista y, sobre todo, el desarrollo de la pasión y la herida que la agre¬sión provoca en el comportamiento de una mujer joven, bella e inteligente, víctima de una estratagema del comportamiento que acerca al escritor ruso a las zonas más esquinadas de la escritura del absurdo. Sautet intuyó lo que Lermontov tiene de adelantado a su tiempo y extrajo de aquella vieja historia de amor romántico una de las películas más de hoy que puedan imaginarse.
En ella se enfrentan dos rostros que por sí solos crean cine de primera magnitud: Daniel Auteil y Emmanuelle Beart. Casi no necesitan diálogos; les basta para transmitir el crecimiento de sus tortuosas emociones complementarias y el silencio de sus miradas. Filme de estirpe clásica, está inundado por un ritmo interior de alta precisión: calma en la exterioridad de la imagen y borrascosa en sus casi invisibles laberintos y recovecos ocultos.
Cine, al mismo tiempo, fácil de ver y difícil de capturar en su integridad, pues algo siempre se nos escurre en los ojos de la fluidez dé sus imágenes. Una pequeña obra de gran altura, que encumbra a una de las actrices más bellas del cine europeo, esta inolvidable Emmanuelle Beart capaz, como las grandes de su oficio, de asumir sin coartadas escépticas la vieja e incombustible imagen de la pasión, del enamoramiento absoluto, sin barreras de contención; y el derrumbe al final de este enamoramiento: el dolor, igualmente en estado pleno, que genera el amor.
Con estas dos referencias, tenemos información suficiente para enfrentarnos con esta película, una de las mejores de su director y poder tener un coloquio sobre los temas que plantea y la forma en que estos se han filmado. Espero que disfrutéis,
JESÚS YAGÜE/JULIÁN MARTÍN