
Ararat
05/06/2020
Memorias del Subdesarrollo
01/09/2020
FICHA TÉCNICA
Título original "Book chon bang hyang" (“The Day He Arrives”)
Año 2011
Duración 79 min.
País Corea del Sur
Dirección Hong Sang-soo
Guión Hong Sang-soo
Música Jeong Yong-jin
Fotografía Kim Hyeong-gyu (B&W)
Reparto: Yu Jun-sang, Song Seon-mi, Baek Jong-hak, Kim Sang-jung, Kim Bokyeong
Productora Jeonwonsa Film
Género Comedia. Drama. Romance
Sinopsis:
Sungjoon, director de cine, se dirige a Seúl para visitar a un viejo amigo que vive en el área de Buckhon. Como su viejo camarada no responde a sus llamadas, Sungjoon se dedica a deambular por la ciudad, lo que le permite reencontrarse con su ex-novia y un actor que abandonó la interpretación para dedicarse a sus negocios en Vietnam, así como intercambiar opiniones con algunos aspirantes a estrellas del séptimo arte, la propietaria de un local con cierto parecido a su antigua pareja y una encantadora profesora de cine. Siempre, en el contexto del bar Novel y, como no, con mucho vino de arroz en la mesa. (FILMAFFINITY)
PRESENTACIÓN "THE DAY HE ARRIVES"
La vida es una repetición. Todos, todos los días, repetimos las mismas situaciones, los mismos gestos, incluso las mismas palabras. Solamente que, a veces, añadimos algo nuevo o menos usual. Yo, por ejemplo, todos los días los empiezo igual: Me despierto, pongo la radio y oigo las noticias, hago unos ejercicios para ponerme en marcha, luego me ducho, después preparo el desayuno, desayunamos, friego, me lavo los dientes y me siento frente al ordenador para dedicarme a esto del cine club o ver películas para el cine club. Eso que llamamos la rutina. Y por las tardes, leo, tomo un té, escucho música y camino. Y, después de cenar, todas las noches vemos una película cuando acaba el telediario. Más o menos esto es igual un día y otro, con muy pocas variantes. Y esto, que me parece hacemos todos, cada uno con sus propias costumbres, manías, ocupaciones, distracciones y horarios, creo, es lo que nos quiere contar la película: cómo un día de cada uno de nosotros es prácticamente igual al anterior y el siguiente, y así siempre, cómo nos movemos haciendo las mismas cosas desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, como si la vida fuera una repetición inmutable. O una rutina. O una suerte de Día de la marmota, como dice un crítico.
Voy a recordar una frase de Hong Sang-soo respecto a esto, que puse en la presentación: "Nosotros fijamos nuestra atención a tres puntos concretos, sobre los que volvemos una y otra vez, generando un triángulo. Ese triángulo sustituye nuestra idea de la realidad".
Hong, el director de "The day he arrives" (erraivs) ha optado en su película por repetir ubicaciones e interacciones específicas hasta el punto en que el espectador es golpeado por un sentido inevitable de déjà vu, de lo ya visto anteriormente. Es esa sensación descon¬certante de que hemos estado aquí antes y hemos escuchado parecidas palabras, y que lo que estamos viendo y experimentando ya ha ocurrido -como si no hubiera salida-, como lo del bar Novel (novela) donde los personajes nos llevan en tres ocasiones y beben hasta emborracharse y las tres parece que son la primera, tanto por el diálogo que tienen con la dueña (siempre vestida igual, las PRESENTACIÓNes como si fuera la primera vez, todo lo mismo), como por el piano que el protagonista toca como si también fuera la primera vez y en cambio son dos. Ese es exactamente el punto.
Otra consideración o variante sería: "cómo arreglar alguna cosa no dicha o hecha en la primera, digamos versión", como una segunda o también tercera oportunidad que se dan los personajes. Como si cada nuevo día fuera una copia del anterior, si bien aderezada con algo no dicho o hecho, variantes de la misma escena (con algún añadido o ligero cambio), porque, como dice el director, "todo es lo mismo, todos nos movemos en los mismos círculos y repetimos día a día las mismas cosas".
Toda la película funciona con esa sensación desconcertante de que hemos estado aquí antes o de que esto que está sucediendo ya ha sucedido antes, que lo que estamos viendo y experimentando ya ha ocurrido.
Podría ser el comienzo de una película de Woody Allen, con ese joven que, con una mochila a su espalda por todo equipaje, vuelve al lugar de donde es o al menos donde rodó sus películas, como si regresara a un momento de su pasado de donde un día se alejó al parecer para vivir de una manera distinta, como una añoranza de la vida que tuvo entonces, como si buscara recordar quién era antes, cuando ejercía como director de cine, su novia de aquella parte de su vida, sus amigos de entonces, los lugares, una añoranza de su pasado o buscara la manera de vivir de otra manera, como si se estuviera planteando un futuro distinto o hubiera descubierto que la vida es mejor que el cine.
Y, a partir de ese momento, asistimos a ese déjà vu constante, a algo visto ante-riormente, mientras los personajes hacen y vuelven a hacer lo mismo una y otra vez, como si ellos no se dieran cuenta de las repeticiones y la tragedia de volver a repetirlas, o como si dijeran "vamos a hacerlo mejor" y enmendaran errores. Yo he contado once repeticiones en la película, entre ellas, los encuentros en la calle con la posible actriz y el protagonista (3), ir al bar "Novel" tres veces como si fuera la primera, cuando el protagonista pide tocar y toca el piano (2), las PRESENTACIÓNes de la dueña y el protagonista (3), los estudiantes de cine (2), los encuentros en la entrada con la dueña (2) O la repetición de algunas frases, como "Por alguna razón nos seguimos encontrando", o "Por Boram fuimos a un bar llamado Novel", dichas como si fuera la primera vez que ocurre.
Como lo que cuenta la profesora de cine (Boram) precisamente "hablando de las casualidades": dice que en los últimos veinte minutos se ha encontrado por la calle con un director, un director musical, un productor y uno de sus estudiantes de cine, todos del cine. Hablan de las casualidades y el protagonista cuenta que se ha encontrado tres veces en el mismo día con una persona que conoce (se refiere a la actriz en ciernes, el primer ser humano con el que habla nada más llegar a Seúl).
Y en los últimos pasos del protagonista en Seúl, donde parece que está más solo que nunca y necesita hablar con alguien. Se encuentra con un productor, porque hablan de hacer "algún día algo juntos", y a continuación con un músico con el que ha trabajado. (Seúl parece Hollywood Boulevard, Beverly Hills), una ciudad que tiene más de diez millones de habitantes y es la cuarta área metropolitana más grande del mundo. Siempre las repeticiones.
El protagonista dice que "hay incontables coincidencias operando detrás de las ac¬ciones. Pero nosotros solo pensamos en el resultado". Y explica "Los hechos azarosos de nuestras vidas ocurren sin razón", que una cosa lleva a la otra. "se cae un vaso y no te das cuenta de que antes has movido el brazo".
A mí me parece (no sé a los coreanos), que las cuatro mujeres de la historia, la que se encuentra el protagonista por la calle, su antigua novia, la profesora y la dueña del bar, se parecen, son del mismo estilo podían ser la misma actriz. Pero la que sí es la misma actriz son la exnovia y la dueña del restaurante Novel. ¿Quiere el director indicarnos algo?
Los zooms de acercamiento y alejamiento a los personajes (que este director lo hace en todas sus películas, yo he visto tres para elegir ésta), y dice que lo hace para no cortar a los actores, para mantener el clima, la situación. Eso está muy bien, pero hay algo brusco en el movimiento que no logro entender, como si la persona que lleva la cámara fuera el mismo director quien se encarga de hacerlo. (Esto mismo lo he visto hacer a algún director español cuando el zoom fue un invento que también llegó a nuestro cine. Y era muy barato para el productor, por ser rápido, montar el trávelling llevaba mucho tiempo). Esto puede estar muy bien para los actores (para no salirse de situación, sobre todo teniendo en cuenta que beben de verdad, no agua o coca cola, como generalmente se hace) pero a los espectadores les pone en guardia y esos movimientos les hacen salirse por momentos de la película, porque se ve mucho.
Dice David Cronenberg ("La mosca", "Promesas del Este") que "no usa nunca el zoom porque es sólo un artilugio óptico". Prefiere mover la cámara, porque parece que, físicamente, te proyecta dentro del espacio del film. Wenders prefiere el trávelling al zoom. Scorsese dice que usa el zoom, disfrazándolo, combinado con el movimiento de la cámara". Y Bertolucci decía "que el zoom tiene algo de movimiento falso". Casi nadie es par¬tidario del zoom, como movimiento (aunque todos lo hemos hecho y se sigue haciendo), porque solamente es un acercamiento o alejamiento óptico.
Las puertas en Corea del Sur se abren hacia fuera, no hacia dentro como es lo nor¬mal. (Anécdota de Billy Wilder y la puerta de "Perdición", que ya vimos).
Esa mañana (temprano, cuando salen del bar y buscan taxis) todos están bastante bebidos de verdad, no hay más que ver las actitudes, cómo se mueven impulsados por el alcohol. (Recuerdo mío en el bar de Edu en Portu: el Kurding.)
Magnífica fotografía en blanco y negro, aunque la película fue rodada en color, pero pasándolo al blanco y negro después, se consigue una mejor calidad. La luz de las escenas de día es más cruda, más inhóspita diría yo. Las noches son más cálidas.
Es sorprendente cómo este director se mueve en ese pequeño mundo alrededor de las películas, en ésta y en muchas de las suyas.
Cuando está con su novia: "Llora mirándome a la cara", le dice ella, que se ve que está muy lejos de él, en una vida distinta. Y él, que llora desconsoladamente: "No puedo vivir sin ti" (después de dos años sin llamarla ni saber nada de ella).
El protagonista recibe whassaps en el móvil de la chica que fue su novia (Kyungjin), en el que dice cosas como: "¿Qué estás haciendo?. Quiero que seas feliz. No te preocupes por mí". Más tarde: "Me siento sola". Y luego: "Debo estar maldita. Dejé a los hombres de lado por ti y ahora soy pura. No me rechaces. ¿No podemos dejar las despedidas para más tarde?" ¿Por qué no puedo estar contigo? ¿Debo resignarme?".
"No está bien defraudar a aquellos que amamos", dice el protagonista.
"Sólo el valiente se merece alcanzar la belleza", dice su amigo.
No sé qué quieren decir cuando dicen "Hay un restaurante coreano", si se refieren a Corea del Norte. Esto lo dicen al menos dos o tres veces.
Lo de "los ejercicios de defensa civil" que dicen, debe ser una voz desde algún coche que escuchamos en un plano de la calle, pero no sé lo que son. Y apostillan: "Esta vez va en serio".
El protagonista le explica a la profesora cómo es su ideal de mujer: "Una imagen exterior aguda e inteligente, bondad incorregible, muy emocional, que intenta ocul-tarlo pero no puede y explota". Y la profesora dice "que ella es así". Y el amigo dice que todas más o menos son así, que todas tienen dos extremos. Si se los señalas, todas concuerdan. Y el protagonista contesta: "Todos podemos ser similares, y diferentes al mismo tiempo".
Entre las cosas que la dueña del bar dice al protagonista: "Tengo muchas caras distintas". Y él: "Siento como si te conociera. Quiero hacerte feliz", le dice. Y ahí se acaba la esce¬na. (Curiosamente, ambos están, por separado, cubiertos por esa colcha). Muy pudorosos.
Cuando se despiden al día siguiente, en la calle, él le pide que repita la promesa que ella le ha hecho: "Conocer mucha gente amable", "No beber de más", "Escribir todos los días al menos tres líneas". Él cree que es mejor que se despidan para siempre, cuando ella le pide su número.
Y por último, con una chica que no conoce, que lleva una cámara de fotos en la mano. Pero ella sí que le conoce. "Es una admiradora", como dice. Ella es fotógrafa aficionada y hace ""como un diario" con las fotos, dice. Y le pide que pose para ella y le hace unas cuantas. Él parece estar en otro lado, mira pensando en no sé qué, lejos. Y fin.