
Cleo de 5 a 7
13/09/2019
Cenizas y Diamantes
11/10/2019
FICHA TÉCNICA
Título original “Reflections in a Golden Eye”
Año 1967
Duración 108 min.
País Estados Unidos
Dirección John Huston
GuiónGladys Hill, Chapman Mortimer (Novela: Carson McCullers) Música Toshiro
Mayuzumi
Fotografía Aldo Tonti, Oswald Morris
Reparto Elizabeth Taylor, Marlon Brando, Brian Keith, Julie Harris, Robert Forster,
Zorro David, Irvin Duga, Fay Sparks, Ed Metzger, Ted Beniades, Jed Curtis, Gordon
Mitchell.
Productora Warner Bros./Seven Arts
Género Drama | Drama sureño. Ejército. Homosexualidad
Sinopsis:
En un fuerte situado en el sur de los EEUU, el comandante Weldon Penderton (Marlon Brando) se ha dedicado a la enseñanza de tácticas militares, mientras que su esposa Leonora (Elizabeth Taylor) prefiere solazarse con el teniente-coronel Morris Langdon (Brian Keith), amigo de la pareja. Todo esto lo observa, detalle a detalle, el soldado Williams (Robert Forster), un joven que parece fascinado con la bella mujer, mientras que Penderton comienza a interesarse por cada movimiento del joven soldado. (FILMAFFINITY)
PRESENTACIÓN "REFLEJOS EN UN OJO DORADO"
"Una base militar en tiempo de paz es un lugar monótono". (Leer directamente del libro)
Lula Carson Smith, conocida por el nombre de Carson McCullers nació en Colum-bus, en pleno territorio sureño en 1917, y murió en Nueva York a la edad de cincuenta años. Es considerada un clásico de la literatura americana, cuyo estilo es similar al de Tennesee Williams y Truman Capote. Al igual que ellos, Carson McCullers dibuja la de-cadencia humana, mediante retratos de sus protagonistas por los que siente una ternura indescriptible. Su obra literaria se reduce a cuatro novelas cortas y un libro de relatos titu-lado "La balada del café triste", y todos ellos muestran un mundo desolador poblado por sordomudos, mirones, falsas apariencias, niñas que buscan refugio en la fantasía y homo-sexuales ocultos por las sombras de sus más reprimidos deseos. Carson decía que "Todo lo que sucede en mis relatos me ha sucedido o me sucederá". Últimamente se ha publicado un libro de ella titulado "El aliento del cielo", que comprende todos sus cuentos y sus novelas cortas. También escribió su autobiografía, "Iluminación y fulgor nocturno", poco antes de morir. Su vida no fue un campo de rosas, sus frecuentes depresiones la condujeron al alcoholismo. Se le acusó de ser homosexual, defensora de los negros, y de mantener relaciones con otras mujeres, dentro de un matrimonio sin sentido. (Libro que dedica)
Reflejos en un ojo dorado es una adaptación para el cine de su novela del mismo título, en cuyo guión trabajaron Gladys Hill, Chapman Mortimer y, sin aparecer en los títulos de crédito, Francis Ford Coppola.
Chapman Mortimer era un novelista escocés no traducido en España, al que Hus-ton, el director, admiraba. Gladys Hill trabajó en quince películas del director, unas como guionista y otras como asistente personal. En su libro de memorias, John Huston dice de ella cosas como "mi veterana secretaria" o "mi ayudante", "mi colaboradora", o "tomó posesión de mi vida"... Creo que está claro. Ella escribió, junto con el director, guiones como el de "El hombre que quiso ser rey" o "La carta del Kremlin". Y en cuanto a Francis Ford Coppola, también trabajó en los guiones de "Patton" o "El gran Gatsby", entre otras películas no dirigidas por él.
"Hay películas de las que muy poca gente ha oído hablar (escribe la escritora Saman-tha Devin), películas extraordinarias, misteriosas, llenas de matices y significados, de buenos actores y detalles fascinantes de esos que permanecen en la memoria como contraseñas de lo inefable, que sin embargo son completamente desconocidas para el público general. Una de esas películas es Reflejos en un ojo dorado".
El director es John Huston y los actores protagonistas, Marlon Brando (tal vez el mejor actor de la historia del cine) y una de las actrices más legendarias de Hollywood, Elizabeth Taylor. Hubo un intento de hacer la película en los años 50 de la mano de Burt Lancaster y su productora y se habló incluso con Tennessee Williams para que hiciera el guióny con Carol Reed para que fuera el director, pero al final desistieron, tal vez por problemas de censura. Y no fue hasta el año 1967 cuando se vuelve a tocar el asunto, esta vez con John Huston como director.
De John Huston hemos visto en este Cine Club tanto su última película, "Dubline-ses", como la primera que dirigió, "El halcón maltés". Huston era un director prolífico, con buenas y malas películas en su haber. Entre las buenas (aparte las dos señaladas), "El tesoro de Sierra Madre", "La jungla de asfalto", "La reina de África", "El hombre que quiso ser rey", o "Vidas rebeldes". Él mismo dice en sus memorias: "Yo no me veo a mí mismo como un realizador con un estilo propio. Me han dicho que lo tengo, pero no lo percibo... Mi interés por el boxeo, la literatura, la pintura, los caballos, la caza, han sido, por lo menos, tan importantes como el que tenía por dirigir películas". Su libro de memorias termina con la siguiente reflexión sobre "Que haría y que no haría si volviera a empezar de nuevo", y él mismo se contesta: "Pasaría más tiempo con mis hijos; ganaría el dinero antes de gastármelo; aprendería los placeres del vino en lugar de las bebidas fuertes; no fumaría cuando tuviera pulmonía; no me casaría por quinta vez". Pero volvió a casarse. Y murió de un enfisema pulmonar.
En su libro de memorias "A libro abierto", Huston cuenta cómo afrontó el proyecto de Reflejos en un ojo dorado: "Había dos maneras de hacerla: una película de arte y ensayo con poco presupuesto, o una película con los mejores talentos actuales. No me interesa ha¬cer cine "de arte y ensayo" y con poco dinero, y creo que a la señora McCullers tampoco. El productor estuvo de acuerdo y el elenco de actores que se escogieron para el proyecto fue de primerísima línea… Pero lo cierto es que, vista en perspectiva, "Reflejos en un ojo dorado" se presenta como una extraña mezcla entre cine de arte y ensayo y producción hollywoodiense, una esencia de film de culto que a la vez adquiere sabor de clásico.
Elizabeth Taylor fue una de las estrellas femeninas más brillantes del cine en toda su historia, y una de las últimas supervivientes de la época dorada de Hollywood. Su belleza espectacular, y su fotogenia (sus fabulosos ojos), le abrieron de par en par las puertas del estrellato convirtiéndola en un mito del cine. Su entierro, por órdenes suyas, empezó quin-ce minutos después de lo previsto. Según dijo su portavoz a la prensa "quiso llegar tarde incluso a su propio funeral". De entre sus películas, merecen destacar "Un lugar en el sol", "La gata sobre el tejado de zinc", "De repente, el último verano", "Castillos en la arena", "¿Quién teme a Virginia Woolf?" y "Cleopatra", que Elizabeth Taylor interpretó a cambio de un millón de dólares, cifra astronómica para una actriz en aquellos años.
Marlon Brando, símbolo inconformista de su generación, se erigió en ídolo, espejo e influencia de otros muchos actores gracias a sus impresionantes "presencias" e interpretaciones, tanto en el cine como en el teatro. Rebelde desde muy joven, Brando fue expulsado de varios colegios, incluida una Escuela Militar. Según cuentan sus biógrafos, Brando tenía en su frigorífico un candado, porque se refugiaba en la comida para calmar sus estados de ansiedad y sus continuas depresiones; otros lo atribuyen a un fatal instinto: Marlon Brando odiaba su belleza. Hay una anécdota, contada por su profesora del Actors Studio, que no puedo dejar de referir: La profesora propuso a la clase un ejercicio que consistía en que se comportaran como gallinas amenazadas por una bomba. Mientras todos cacareaban frené¬ticos por el aula, Brando, decidido a salvar a la especie, se fue a un rincón y puso un huevo.
En una entrevista hecha en sus últimos años, Marlon Brando confesó: "Me impusie-ron el cliché de macho guapo a la fuerza, de músculo a toda costa y yo he seguido el juego. Ahora, ante el hecho de que se me haya caído el pelo, haya engordado o tenga arrugas no me preocupa. Soy un actor, no un sex symbol, y este ha sido el equívoco que ha envenena-do mi existencia y ha reflejado a Marlon Brando bajo una luz falsa a los ojos del público, pero la realidad es que al interpretar, algo me quema dentro, es como una especie de fuego, un delirio".
De entre las películas de Marlon Brando destacan casi todas -por su trabajo-, pero principalmente "Un tranvía llamado Deseo", "Viva Zapata", "Julio César", "La Ley del silencio", "Ellos y Ellas", "La jauría humana", "Queimada" (que vimos aquí), "El Pa¬drino" y "Apocalypse Now". Brando ganó un Óscar que no recogió por "El Padrino", y otro por su trabajo en su quinta película, "La Ley Del Silencio", aunque ya había sido nominado por tres anteriores. Tiene una única película como director, un western me¬morable: "El Rostro Impenetrable", que empezó Sam Peckinpah y al que siguió Stanley Kubrick, y a ambos los echó. Tenía una duración de 5 horas, que los productores dejaron en 140 minutos.
En Reflejos en un ojo dorado, están también Brian Keith y Julie Harris. Del primero recordamos que era el padre de las gemelas en "Tú a Boston y yo a California", pero así mismo intervino en "El viento y el león" o "Yakuza". De Julie Harris recordamos sobretodo "Al este del edén", pero también "Harper", y sobre todo mucho teatro. E interpretando a un personaje fundamental en la historia, eje de todo, aunque apenas habla, es Robert Forster en su primera película, que años después fue uno de los protagonistas de una de Tarantino: "Jackie Brown". Pero también trabajo en "Mullholand Drive" de David Lynch. Y haciendo un personaje tan estrambótico como su nombre, un filipino llamado Zorro David, que al parecer solamente intervino en esta película.
John Huston pensaba que el tecnicolor sería un obstáculo entre el público y la his-toria. Así que, junto a su director de fotografía, Aldo Tonti ("Las noches de Cabiria" o "Guerra y Paz") trabajaron con el laboratorio hasta encontrar un tipo de color que fuera afín a la historia. Y se decantaron por el dorado, "un color ámbar difuso", explicó Huston, lo que serviría, según él, para distanciarnos del comportamiento de los personajes: "una especie de resplandor nostálgico", señaló. Pero los productores pensaban de otra manera y ordenaron que las copias fueran hechas en puro tecnicolor. "Así y todo -cuenta Huston-conseguí que se hicieran cincuenta copias en el color ambarino. (Esta que vamos a ver, debe ser una de esas cincuenta copias, que en este caso nos ha conseguido Rubén, nuestro eficiente "Conseguidor" de buenas copias, desde Salamanca. Y no cobra).
La música de Toshiro Mayuzumi, (compositor prolífico con más de cien bandas sonoras) va en la misma línea del color, al menos tan inquietante y misteriosa.
En España, la dictadura de Franco prohibió en su momento Reflejos en un ojo do-rado y no la pudimos ver hasta trece años después, cuando la censura fue suprimida tal y cómo la conocíamos.
Termino esta presentación con una frase de la escritora Carson McCullers: "Por mucho que me persigan, por mucho que intenten silenciar mis palabras, siempre están los sentimientos a la espera de verse reflejados en las hojas de un libro, y mi lucha no cesará nunca, hasta que mis pensamientos e ideas descansen en las manos del hombre con absoluta libertad".
PARA EL COLOQUIO
Decía algo así un crítico en su reseña de "Reflejos en un ojo dorado", unas palabras que me han hecho pensar: He visto una historia atravesada por el deseo, el deseo insatisfecho que consume a unos y el deseo satisfecho del que se alimentan otros. Pero también lo prohibido, la imposibilidad de ser uno mismo, el miedo a poseer lo que realmente queremos porque eso pondría en evidencia nuestra verdadera naturaleza.
John Huston sorprende con esta película que sucede en el ambiente enclaustrado de una base militar, y que escandalizó a la opinión pública americana por abordar temas tan moralmente conflictivos como la homosexualidad y el adulterio en el riguroso ambiente del ejército americano de la década de los sesenta (y con la guerra de Vietnam encima). Pero cuando se realiza "Reflejos en un ojo dorado", el año 1967, ya no está vigente el Código Hays de censura que sí lo estaba en el año en que se hizo "La gata sobre el tejado de zinc". Por eso, en aquel momento, por las cuestiones morales, se tuvo que alterar la sexualidad del protagonista dejándolo todo a lo sugerido en lugar de mostrarlo abiertamente como así pasa en esta película.
Y la película de John Huston lo que hace es sumergirnos en esa monotonía de la que hablaba Carson McCullers en su libro, donde la vida parece normal: montan a caballo, juegan a las cartas, hacen fiestas, pero detrás de la normalidad se ocultan los miedos y las frustraciones de los personajes, los prejuicios y la desesperación donde subyace una
Los espectadores nos convertimos en auténticos mirones o voyeurs observando desde la oscuridad de la sala cómo los personajes se espían unos a otros, y las cosas que hacen. Porque Huston nos lleva a penetrar en la intimidad de todos...,