
Qué verde era mi valle
14/09/2018
Bulworth
19/10/2018
FICHA TÉCNICA
Título original “Oci ciornie” (Ochi chyornye)
Año 1987
Duración 118 min.
País Italia
Dirección Nikita Mikhalkov
Guión Aleksandr Adabashyan, Suso Cecchi d'Amico, Nikita Mikhalkov (Cuentos:
Antón Chéjov)
Música Francis Lai
Fotografía Franco Di Giacomo
Reparto: Marcello Mastroianni, Silvana Mangano, Marthe Keller, Elena Safonova,
Pina Cei, Vsevolod Larionov, Innokenti Smoktunovsky, Oleg Tabakov
Productora Coproducción Italia-Unión Soviética (URSS); Excelsior Film TV, RAI Uno, Sovinfilm
Género Romance
Grupos Adaptaciones de Antón Chéjov
Sinopsis:
Basada en tres cuentos de Chejov. El arquitecto Romano Patroni (Marcello Mas-troianni), quien, venido a menos, ahora trabaja en el bar de un barco a vapor, va a contarle a un incidental cliente ruso, llamado Pavel (Vsevolod Larionov), su historia de amor con una compatriota suya llamada Anna (Elena Safonova), la dama del perrito, mientras ambos estaban casados y huían de sus parejas. (FILMAFFINITY)
PRESENTACIÓN "OJOS NEGROS"
Empecemos hablando del escritor y dramaturgo Antón Chéjov, de donde parte la película que vamos a ver esta noche. Chéjov, mundialmente conocido por su innovación del discurso teatral, es autor de “El jardín de los cerezos”, “Tres hermanas”, “Tío Vania” o “La gaviota”. Pero Chéjov también destacó como autor de relatos. Y entre estos, y so-bresaliendo, se encuentra "La dama del perrito", escrito en 1899. En palabras del escritor Vladímir Nabókov: “Todas las reglas tradicionales de la narrativa han sido quebrantadas en esta maravillosa historia de veintitantas páginas. No hay un problema, no hay un ver-dadero clímax, no hay un punto al final. Y es una de las más grandes historias que se han escrito jamás”.
El relato fue llevado al cine por primera vez en 1960 por el director ruso Iosif Khei-fits. Y en 1987 se rodó Ojos negros, basada principalmente en “La dama del perrito”, pero tomando partes de tres relatos más de Chéjov: “La fiesta de cumpleaños”, “Ana alrededor del cuello”, y “Mi esposa”.
El director de “Ojos Negros”, Nikita Mijalkov, proviene de una familia de rancio abolengo ruso donde su bisabuelo era el gobernador imperial de Yaroslavl, y cuya madre era una princesa de Galitzia. Se inició como director con un mediometraje acerca de un grupo de soldados rusos en la segunda guerra mundial, y luego vinieron ocho largometrajes antes de rodar “Ojos negros”, y después hizo “Urga” (León de Oro en Venecia), “Anna” (un documental sobre cómo iba creciendo su hija unido a los cambios en la vida en Rusia), “Quemado por el sol” (Palma de Oro en Cannes, Óscar a la mejor película extranjera), “12” (remake de “Doce hombres sin piedad”, que recibió un León de Oro especial), “El barbero de Siberia” una segunda parte de “Quemado por el sol” titulada “El éxodo”, y aún una tercera parte de “Quemado por el sol” titulada “Ciudadela”, pero ambas han pasado con poca fortuna por los festivales cinematográficos.
Pero hoy estamos aquí para hablar de “Ojos negros” (sin duda su mejor film) cuyo guión está escrito por Alexander Adabachian y Nikita Mijalkov con la colaboración de Suso Cecchi D'Amico.
Al parecer, la idea de hacer “Ojos Negros” proviene del actor y luego su protagonista, Marcello Mastroianni, y fue después cuando buscaron la coproducción con la Unión So¬viética (aún la URSS), y así llegó a las manos de Nikita Mijalkov, un director que conoce al dedillo los entresijos de la literatura de Chéjov. Y como es una película nacida en Italia, la producción de Silvia D’Amico, hija de la guionista italiana. Digamos que la película es más bien italiana, pero el espíritu ruso lo pone su director, Nikita Mijalkov.
Marcello Mastroiani, trabajó con los directores más importantes del cine italiano y otros muchos de distintos lugares, y rodó su último trabajo, el número 128 de su filmografía meses antes de morir en París. A Mastroianni le acompañan tres mujeres importantes, como Silvana Mangano, Marthe Keller, y Elena Safonova (la dama del perrito) actriz rusa junto a Vsevolod Larionov, artista del pueblo, un título honorífico otorgado en la Unión Soviética.
PARA EL COLOQUIO
-Sabatchka... La única palabra en ruso que aprende Romano, además de “spasiva”, para seguir el rastro de la misteriosa “dama del perrito” en Rusia, en esta película de pro¬ducción mayoritaria italiana, pero absolutamente rusa. O ese es el espíritu que aporta la mirada de Nikita Mijalkov.
-¿Qué le queda a Romano después de haber recorrido las distintas etapas de su vida? Él mismo lo cuenta: “Si muriese en este momento y el Padre Eterno me dijera: “Romano ¿qué recuerdas de tu vida?”, contestaría: La nana que me cantaba mi madre cuando era pequeño…, el rostro de Elisa en la primera noche… y las brumas de Rusia…”. Tres cosas. Y es entonces cuando Romano, se echa a llorar.
-Esta película está entre la invención del mejor Fellini y la estética de Visconti, con ese personaje de Romano casi patético, acabado, camarero en un barco con las huellas del paso del tiempo en su rostro, pero que se permite tener un pequeño cenicero de bolsillo, lo cual le da cierta distinción.
-Decía un crítico que “Ojos Negros” sucede entre Italia y Rusia, pero también entre el recuerdo y la ensoñación, entre la verdad y la mentira, entre lo que pudo haber sido y no fue, entre lo que fue y lo que nunca ocurrió, entre el deseo y la frustración, entre el amor y la tristeza, la juventud y el olvido, el sueño y la fantasía”.
-Porque, de verdad: ¿“es verdad” todo lo que Romano nos cuenta? ¿de verdad ha estado en Rusia? ¿O es algo que se inventa porque le gusta imaginar, fantasear para divertirse? Su vida es como un juego infantil: se ha acostumbrado a la buena vida, a que le sirvan, a la ociosidad.
-Romano le cuenta a la traductora que la carta de Anna es para un amigo que está en Rusia. Y luego, mintiendo claramente, que murió congelado en San Peterburgo... A su jefe en el barco, Romano le dice que se ha entretenido porque se ha encontrado a un amigo de la guerra. Vuelve a mentir. Hasta su mujer se lo reprocha: “Por una vez en la vida, dime la verdad”. Porque todo, en su vida, es una mentira.
-La genial idea de no traducir los diálogos rusos... Así estamos en las mismas condiciones que Romano. No entendemos lo que le dicen y nos cuentan los otros, con lo cual hay que “navegar” como hace Romano.
-Curiosamente, en el relato de Chéjov los hechos transcurren en tiempo real, mientras que en el film, el pasado es más importante que el ahora.
-Anna moja su dedo en lo que después descubrimos que son sus propias lágrimas, y dibuja en la pared al lado de su cama, mientras él come sandía... Y luego vemos la almohada humedecida por esas lágrimas. ¿Por qué llora?
-El paseo por la piscina de lodo de Romano, para coger el sombrero (y todavía, antes de salir, unas flores). O su paseo sobre el carrito bocabajo, empujado por Sabatchka...
-Las sillas de ruedas que salen todas juntas como en una carrera hacia “la fuente de la vida”. (Ballet, más que otra cosa) Fellini.
-Esta situación con la bandeja con vasos y copas que de alguna manera impiden que Elena y Romano se toquen y que luego arrojan sobre la lana.
-Vemos a Romano de espaldas mientras su mujer pone el disco de los gitanos. No sabemos lo que Romano está pensando, porque el director no nos lo enseña, quiere que el espectador participe: está de espaldas a la cámara. Y, de pronto, pasado un tiempo, se pone a bailar antes de darse la vuelta para que lo veamos feliz en sus recuerdos.
-Ese último y precioso primer plano de Anna dónde, como a golpes, lentamente, se vuelve hasta que descubrimos por una vez que es ella.
-Pero todavía hay un plano más: la carreta donde va Romano por las estepas rusas, que no sabemos si es de su recuerdo o de un hipotético regreso.
-Cuando Pavel cuenta a Romano su historia: "Todo se irá con nosotros a la tumba, y seguramente más allá. Este barco se pudrirá, y este mar se secará, pero el bien que hayamos hecho, el mal que hayamos hecho permanecerá para siempre en alguna parte".
JESÚS YAGÜE