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Queimada
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FICHA TÉCNICA
Título original "Nelly et Mr. Arnaud"
Año 1995
Duración 106 min.
País Francia
Dirección Claude Sautet
Guión: Claude Sautet, Jacques Fieschi, Yves Ullman
Música Philippe Sarde
Fotografía Jean-François Robin
Reparto: Emmanuelle Béart, Michel Serrault, Claire Nadeau, Françoise Brion,
Jean- Hugues Anglade, Michèle Laroque, Michael Lonsdale
Productora: Coprod. Francia-Italia-Alemania; Les Films Alain Sarde, TF1 Films Production,
Prokino Filmproduktion GmbH, Cecchi Gori Group Tiger Cinematografica
Género Drama
Sinopsis:
Nelly, una mujer que acaba de divorciarse, conoce casualmente al señor Arnaud, un magistrado retirado cuya mujer vive en Ginebra con otro hombre y cuyos hijos apenas le hablan. Arnaud le ofrece a Nelly un trabajo: mecanografiar el manuscrito de la novela que ha escrito. La relación laboral resultará enriquecedora para ambos. (FILMAFFINITY)
PRESENTACIÓN "NELLY Y EL SR. ARNAUD"
Hoy vamos a ver la última película rodada por su director Claude Sautet cuando ya tenía 71 años. Falleció solamente cuatro años más tarde.
Hombre emocional, hipersensible, nervioso, adusto, con frases apagadas, a veces incomprensible, era generoso con la gente del oficio. (directores, Guiónistas, actores). So¬bre su tumba en el cementerio de Montparnasse en París, está grabado su epitafio, con la máxima "Mantén la calma frente a la disonancia".
En la historia del cine francés, Claude Sautet es un nombre aparte. A menudo ha declarado que llegó al cine por casualidad, no por vocación y que era "mucho más músico que cineasta". Sus largometrajes se desarrollan en diferentes tiempos (lento, rápido), con bruscos cortes de tono, el lenguaje propio de la música. Para él, no había nada por encima de Johann Sebastian Bach (los Conciertos de Brandemburgo) excepto algunos estándares de jazz. Era un Guiónista talentoso, un remendador sobresaliente, que temía pasar a la dirección con todas sus limitaciones (humanas, técnicas, financieras, temporales, etc.). Este amante del cine clásico americano (Raoul Walsh y Howard Hawks en particular), en contacto directo con los cambios de la sociedad francesa, de espaldas a la generación de cineastas de su tiempo, se había convertido en una especie de "cineasta sociológico". Aunque desde que salió del IDHEC (1948) trabajó en el entonces prolífico cine francés, sólo ha producido 14 largometrajes en medio siglo. Es poco, pero suficiente. La rareza se combina aquí con la "calidad francesa".
Adolfo Bioy Casares escribió "...total, ya sabía que la vida acaba en desconsuelo" Al igual que el autor de La Invención de Morel, ese viejo amigo de Borges, Claude Sautet, al hacer Nelly & Monsieur Arnaud, 1995, sabía lo que hay al final de la vida, y nos lo hace saber, un poco entre líneas, en esta sosegada pero intensa película. Claro que esta pers¬pectiva de la vida, la cual nos da a través del señor Arnaud, un personaje construido con matices autobiográficos, es sólo la mitad de la película, porque la otra mitad, la vemos en esa singular y emotiva relación que establece con la bella y distante Nelly.
La última obra de Claude Sautet se caracteriza por su serenidad, su desencanto, su desprendimiento del mundo. Suena a despedida filmada, rodada casi exclusivamente en estudio, a puerta cerrada (decorados interiores). Los fotogramas son muy precisos: movi¬mientos de cámara milimétricos, movimientos de los actores en la línea. Es un boceto. El resultado es conmovedor, es un despido voluntario.
"Nelly et Monsieur Arnaud" está cubierta de premios: Premio Louis Delluc 1995, Premio Méliès a la mejor película, César al mejor director 1996, César al mejor actor 1996 y Premio Lumière al mejor actor 1996 a Michel Serrault, entre otros.
Cuanto el cine se vuelca más hacia lo exterior y se colma de prodigios tecnológicos, las películas de Claude Sautet se hacen más íntimas, más calladas, más reflexivas.
Lo reconoce el propio cineasta francés que, a finales de la década de los sesenta, se hizo famoso por la filmación del espectacular accidente automovilístico en "Las cosas de la vida" y cuyo éxito ratificó con títulos como "El inspector Max", "César y Rosalie" y "Una historia simple".
Hubo bastantes cambios desde aquellos tiempos en los que, con la colaboración de su amigo Guiónista Jean Loup Dabadie y de la de su actriz fetiche, Romy Schneider, narraba historias de grupos, bandas o parejas en situaciones agitadas hasta hoy en que pre¬fiere concentrarse en el análisis de los personajes. No le gustan los alardes ni los derroches; prefiere enfocar la cámara hacia sus actores que es como enfocarla hacia sí mismo y buscar en sus rostros aquello que refleja su vida interior, gestos casi imperceptibles que descubren sentimientos, fragilidades, titubeos, secretos.
Una vez en una entrevista dijo: "Soy consciente de que con el paso del tiempo mi cine se estrecha, se repliega. El desarrollo de lo audiovisual, de los efectos y, tal vez, tam¬bién la edad, provocan en mí un rechazo. Muchas cosas me molestan y entonces las elimi¬no. Creo que filmo cada vez más sencillamente; eso da la impresión de cierta austeridad" y vienen a la memoria del espectador el misterio y la discreta sutileza de "Un corazón en invierno", tal vez, en opinión de algunos críticos, su obra más lograda hasta la fecha y que ya tuvimos ocasión de visionar en este Cineclub el año pasado.
"Nelly et Monsieur Arnaud", y que en algunos países latinoamericanos se tituló como "El placer de estar contigo", guarda alguna relación con aquel film admirable. Una constante temática y un estilo expresivo común ligan en una trilogía a "Un corazón en invierno" (1991) y el título inmediatamente anterior, "Algunos días contigo" (1987), con la película que vamos a ver hoy.
Sautet admite que estos films pueden haber entrañado un cambio en su modo de hacer cine. Él sabe, como pocos, convertir en materia dramática lo que aparentemente no contiene sino situaciones banales. "Nelly et Monsieur Arnaud" nació de la curiosidad que siempre despertaron en él esas parejas integradas por un hombre muy maduro y una mujer muy joven. En otra entrevista confesaba que: "Cuando las veía en los cafés me preguntaba qué relación se habría entablado entre ellos, ya que no se trataba de un lazo de parentesco ni del frío intercambio entre una prostituta y su cliente; hasta sentía un poco de envidia de esa serenidad que parecían haber alcanzado".
Sobre el recuerdo de aquellas imágenes fue construyéndose la pequeña historia de "Ne¬lly et Mr. Arnaud". "Se trata de una mujer joven, que deja a su marido y busca trabajo, y de un señor de edad al que ella conoce y que le ofrece uno, sin segundas intenciones. Lo demás es el desarrollo del vínculo y de sus relaciones con el medio que los rodea", sintetiza Sautet.
No habla de la atmósfera de sensualidad que envuelve a ese amor platónico y que él crea con pocos elementos en el ámbito de un departamento casi vacío, como destacó la crítica francesa. En cambio, apunta que el film está compuesto por una sucesión de escenas en claves distintas.
Al principio, es como un juego que progresivamente deviene emocionante o patéti¬co. Monsieur Arnaud contrata a la muchacha para que se ocupe de copiar en un ordenador las "memorias" que él le dicta. Nelly se interesa por aquel anciano solitario, la seduce su cultura, la conmueven sus actitudes un poco pasadas de moda. El aislado mundo de Mr. Arnaud se caldea con las brasas de un tardío amor imposible.
A Sautet le gusta referirse a sus obras en términos musicales: "Hace falta unidad en la tonalidad del conjunto, un ritmo interno que se obtiene durante el rodaje y en la edición, y además un movimiento permanente, que estaría representado por la dinámica del intercambio de miradas. Por eso conviene que en el estudio de rodaje los actores conozcan bien su papel, pero al mismo tiempo permanezcan en un estado de incertidumbre". El tema y las variaciones, o las improvisaciones.
No se puede, claro, emprender una tarea tan delicadamente preciosista sin contar con dos solistas capaces de comprender y traducir los infinitos matices de los personajes. Sautet todavía echa de menos a Romy Schneider, belleza distante e intocable cuyo aire enigmático le habría venido tan bien al papel de Nelly. Pero tiene a la espléndida Em¬manuelle Béart, que ya le prestó su misterio y su luminosidad a la muchacha enamorada de "El corazón en invierno".
También echa de menos a Yves Montand, (su alter ego en "César y Rosalie", en "Vicente, Francisco, Pablo y los otros", en "GarÇon"), aunque reconoce que hoy se vuelca más hacia personajes introvertidos como ése del congelado corazón al que Daniel Auteuil dibujó con trazo inolvidable; "uno que puede tornarse un poco misógino, que sabe cómo seducir a las mujeres, pero después tiene miedo". En este caso el personaje debía ser un hombre mayor, lo que le dio al realizador la posibilidad de dirigir, por primera vez, a Mi¬chel Serrault.
De los brillantes resultados de la asociación dan cuenta los comentarios de los crí-ticos franceses, que casi fueron unánimes al señalar que esta vez Serrault había llegado al punto más alto de su carrera. Su Mr. Arnaud, que tiene "la edad, la apariencia impecable y las camisas blancas de Sautet" según apuntó un periodista de L´Express, le valió el César a la mejor interpretación del año. El mismo premio obtuvo Sautet por la dirección del film con ese estilo discreto y refinado en el que suele haber más silencios que palabras. Un cine que ayuda al espectador a sacudirse la modorra en la que le ha instalado la procesada papi¬lla de la gran industria y le invita a asomarse a los sinuosos enigmas del corazón humano.
Cineastas que cuentan historias hay muchos, casi todos, pero que puedan recrear y transmitir lo intangible del espíritu y los sentimientos humanos, como lo hace Claude Sautet, podemos contarlos de memoria y sin que esto nos lleve mucho tiempo.
JESÚS YAGÜE/JULIÁN MARTÍN