
Teléfono Rojo: Volamos hacia Moscú
06/11/2020
La Sonrisa de mi madre
04/12/2020FICHA TÉCNICA
Título original "Milou en mai"
Año 1990
Duración 108 min.
País Francia
Dirección Louis Malle
Guión: Louis Malle, Jean-Claude Carrière
Música Stéphane Grappelli
Fotografía Renato Berta
Reparto: Michel Piccoli, Miou-Miou, Michel Duchaussoy, Dominique Blanc, Harriet
Walter, Bruno Carette, François Berléand, Paulette Dubost, MARTÍNe Gautier
Productora Coproducción Francia-Italia;
Género Comedia
Sinopsis:
Émile Vieuzac vive con su madre en una gran casa de campo. Cuando ella muere repentinamente, él invita a todos sus parientes a acudir al funeral. Son los tiempos de la revuelta estudiantil de mayo del 68. (FILMAFFINITY)
PRESENTACIÓN "MILOU EN MAYO"
"¡Tomemos el cielo por asalto!"..., "¡La imaginación al poder!" "¡Haz el amor y no la guerra!..." "¡Obreros y estudiantes, unidos y adelante!"... Con estas y otras consignas se conoce el Mayo francés o Mayo del 68, el ensayo general revolucionario más influyente y, a decir de muchos menos exitoso ocurrido en Francia, y sobre todo en París, entre mayo y junio de 1968. Una revuelta que no perseguía llegar al poder sino cambiar la sociedad, un movimiento para reivindicar más libertades en la esfera privada que cuestionó la esfera pública. Nadie lo intuyó, pero mientras duró, nadie pudo detenerlo.
El 3 de mayo los estudiantes de la Universidad de Nanterre, que acababa de ser clausurada, se trasladaron a la Sorbona. La policía intervino y hubo 600 detenidos. Se levantaron barricadas. Dos semanas después había diez millones de obreros que secundaban la huelga general convocada por los sindicatos en una paralización sin precedentes. La República francesa temblaba. No funcionaban ni los trenes, ni las fábricas, ni los aeropuertos. Prácticamente ningún coche circulaba en París. La televisión y la radio públicas secundaban la huelga. Hasta el Festival de Cannes fue interrumpido por los propios participantes. El poder se asustó con la revolución que no prosperó, pero fue la protesta más influyente en las décadas posteriores.
Mayo del 68 acunó muchas causas diferentes como el ecologismo, la libertad sexual, la educación igualitaria o el feminismo. El mayo francés transformó ideas y valores morales, pero no cambió el poder ni el sistema. Fue una eclosión de libertades y causas. Y pese a que la calma regresó en junio, nada volvería a ser igual.
La revuelta social y cultural de mayo del 68 apenas tuvo reflejo en nuestro país so¬metido a un franquismo de plomo, atenazado por el miedo y donde todas las rebeliones se concentraban en un único objetivo: derrocar a la dictadura. Lo más notorio fue el secuestro por parte del gobierno del diario Madrid a causa del tratamiento que hizo este periódico del Mayo del 68; y dos años más tarde su cierre definitivo, incluía la voladura del edificio. Lo que alcanzó mayor impacto en nuestra vida cultural fueron los conciertos planteados como actos solidarios, en particular los de Raimon, que tuvieron lugar en la Complutense de Madrid.
Y veintidós años después Louis Malle (que nunca ha sido un director de militancia política comprometida, pero sí participó tangencialmente al dimitir como jurado en el Fes¬tival de Cannes de ese año), rueda "Milou en mayo", cuyo guión escribió con Jean-Claude Carriére, el asiduo colaborador de Luis Buñuel, y que llegó a ayudar a éste a redactar sus magníficas memorias que, por cierto, nadie debiera dejar de leer.
El sábado 18 de mayo de 1968, a las diez d e la mañana, en una rueda de prensa en el Palais de la Croisette, Jean-Luc Godard y François Truffaut encabezan un nutrido número de representantes del nuevo cine francés. Piden que cese el festival de Cannes, ya que en el resto de Francia hay manifestaciones de estudiantes y obreros, revueltas callejeras, y en una hora pararán las fábricas. Los trenes ya no circulan. "El metro y los autobuses serán los siguientes. Por eso, que prosiga el certamen es ridículo", clama Truffaut. Godard es más duro: "Nosotros hablamos de solidaridad con estudiantes y trabajadores, y vosotros de pri¬meros planos o tiros de cámara". No están solos. Con ellos aparecen Claude Berri, Claude Lelouch, Jean-Claude Carrière, Milos Forman, la actriz Macha Méril y se les unen Roman Polanski y Louis Malle, que ambos eran miembros del jurado aquel año. Como anécdota, recordar que entre las películas a concurso estaba "Peppermint Frappé", de Carlos Saura, que para que ésta no se proyectase tanto Truffaut, como Godard y el propio Saura, se col¬garon de las cortinas intentando cerrar el escenario.
Volvamos con la película...
Resulta asombroso y gratificante ver el nombre de Jean-Claude Carriére asociado a un centenar largo de películas, muchas notables, como sus colaboraciones con Luis Bu¬ñuel ("Belle de jour", "El discreto encanto de la burguesía", "El fantasma de la libertad", "Ese oscuro objeto del deseo" y "La Vía Láctea") y su trabajo para otros directores como con Luis García Berlanga en "Tamaño natural" o Fernando Trueba en "El artista y la mo¬delo",y ha sido autor de los guiones de "El tambor de hojalata", "El regreso de MARTÍN Guerre", "La insoportable levedad del ser", "Valmont", "Cyrano de Bergerac", o "Los fantasmas de Goya", entre otras. Pero también ha escrito para el teatro, especialmente al lado de Peter Brook, una de ellas la célebre "Mahabharata".
Jean-Claude Carriére dijo una vez: "Los de mi oficio son muy a menudo los olvida¬dos, los ignorados, como sombras que atraviesan la historia del cine"...
En este cine club hemos seguido en varias ocasiones los pasos de Louis Malle, y hemos visto hasta ahora tres de sus películas: "Atlantic City", "Herida" y "El soplo al co¬razón". Y hoy continuaremos con Milou en mayo.
La carrera de Louis Malle, desde su primera y buena película en 1957, "Ascensor para el cadalso", pasando por el polémico, en su día, acercamiento al incesto en "El soplo al corazón", después su aproximación al colaboracionismo francés en "Lacombe Lucien", más tarde "El fuego fatuo", la historia de un hombre despidiéndose de la vida, o el me¬lancólico canto a la decadencia que es "Atlantic City", y aún le quedaban por realizar dos de las películas consideradas en la cumbre de su carrera, "Adiós muchachos" y "Herida", además de "La pequeña", o esa joya titulada "Vania en la calle 42" , que fue su última película. Pero dirigió rarezas como "Mi cena con André", que es nada más ni nada menos, escuetamente, que una conversación que mantienen dos hombres sobre la condición de su trabajo, actuar o dirigir teatro y sus vidas personales.
A pesar de no ser un autor en el sentido estricto del término, porque su carrera, tal vez por culpa de demasiados vaivenes en cuanto a los temas que tocan sus películas, si bien defendiendo su independencia por encima de todo, llegó a afirmar: "Yo tengo que borrarme al hacer una película, ponerme al servicio de la historia, encontrarle al objetivo el ángulo y la distancia adecuada para hacer más creíbles y vivos los personajes" (...) "mi costumbre es mirar a los actores y seguirlos". Pero siempre será considerado como un clá¬sico del cine francés.
Y añadió, en otra ocasión: "Mi propósito no es moralizar ni cambiar una moral por otra. Prefiero entregar un material preocupante y dejar que el público saque sus propias conclusiones".
El protagonista, Milou, es el gran actor Michel Piccoli, que murió en mayo de este mismo año, a la edad de 94. Trabajó con los mejores, desde Jean Renoir en "French Cancan", hasta con Nanni Moretti en "Habemus papam" , de una de las últimas, pasando por "El Discreto Encanto De La Burguesía", de Buñuel, "La Gran Comilona", de Marco Fe¬rreri, o "Tamaño Natural", de Luis García Berlanga, entre sus más de 200 películas. Ob¬tuvo el premio a la mejor interpretación masculina del festival de Cannes por su papel en "Salto en el vacío", de Bellocchio, en 1980, y el Oso de Plata en Berlín, por "Une étrange affaire", de Pierre Granier-Deferre en 1982. Le acompañan la actriz Miou-Miou, (el nom¬bre artístico de Sylvette Herry), que hace de su hija en la película, y entre otras hizo "La lectora", "Germinal", "Las rutas del sur", "El octavo día", o "El concierto". También está Michel Duchaussoy, haciendo de su hermano, actor todoterreno que trabajó en el teatro, el cine y la televisión; Duchaussoy actuó por última vez en 2011 en "Astérix y Obélix, al servicio de Su Majestad", o Dominique Blanc, una de las actrices francesas más aclamadas por la crítica, que ganó cuatro Premios César. La hemos visto en "La Reina Margot", "In¬dochina", o "Un asunto de mujeres".Y la madre de Milou es Paulette Dubost, conocida actriz, que, entre otras, trabajó en"La regla del juego", "Lola Montès" "El último metro" o "Viva María".
La música, siguiendo los criterios jazzísticos de Malle, (utilizó a Miles Davis que había llegado a París para dar unos conciertos) en su primera película, "Ascensor para el cadalso", improvisando la banda sonora directamente con tres músicos mientras veían sus imágenes en la pantalla; o en "Lacombe Lucien", usando la de Django Reinhardt. Y aquí, en "Milou en mayo", podemos escuchar, a ritmo de ragtime, la compuesta por Stéphane Grappelli.
Filmaffinity contaba así el argumento de la película: "Émile Vieuzac, "Milou", vive con su madre en una gran casa de campo. Cuando ella muere repentinamente, él hace llamar a todos sus parientes a acudir al funeral. Son los tiempos de la revuelta estudiantil de mayo del 68.
Y Miguel Ángel Palomo escribía en El País: "La serena mirada de este cineasta, todo un clásico del cine francés, esconde a un furibundo inconformista que se oculta tras la transparencia de la sencillez de unas películas inolvidables (...) Malle observa ahora con toda su acidez y cinismo a un grupo de burgueses reunidos en mayo de 1968".
PARA EL COLOQUIO