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FICHA TÉCNICA
Título original “Maboroshi no hikari”
Año 1995
Duración 110 min.
País Japón
Dirección Hirokazu Koreeda
Guión Yoshihisa Ogita. Novela: Teru Miyamoto
Música Chien Ming-Chang
Fotografía Masao Nakabori Reparto
Reparto: Makiko Esumi, Takashi Naitô, Tadanobu Asano, Gohki Kashiyama, Midori
Kiuchi, Akira Emoto, Hiromi Ichida, Minori Terada, Ren Osugi, Mutsuko
Sakura, Hidekazu Akai, Naomi Watanabe, Kikuko Hashimoto
Productora TV Man Union
Género Drama | Familia
Sinopsis:
La soledad, el amor y la muerte se reflejan en esta historia de dos jóvenes en que, después de casarse, él muere arrollado por un tren. (FILMAFFINITY)
PRESENTACIÓN "MABOROSHI"
A veces nos ocurre con los libros... Uno inicia una novela y cuando lleva leídas veinte o treinta páginas, no acaba de enterarse de nada y hay que volver atrás, al principio, para conseguir entrar en la trama. También ocurre con algunas películas, pero a veces da más pereza volver al comienzo después de diez minutos y se decide seguir sin comprender muy bien lo que está pasando, fiándose de que las imágenes lo resolverán todo.
No hagamos esto con “Maboroshi”. Y si hay que volver atrás, pues se vuelve, o varias veces atrás, a la última escena comprendida mientras la estás viendo, para no enredarse en la trama que, por otro lado, es sencilla y luminosa.
Tal vez “Maboroshi” requiera de nosotros ese trabajo extra si queremos disfrutar de todo su contenido.
Yo he visto una aproximación a la película en estos versos que proceden del poema “La vida es”, del famoso poeta japonés Hiroshi Yoshino, que para Kore-eda reflejan el mundo en que vivimos y las vidas de los personajes de una de sus películas, por ello usó el poema simbólicamente en su película “Air Doll” (Muñeca de aire). Para él era importante que los personajes se comunicasen y se conectasen a través de la muñeca hinchable, pues mediante esa conexión, crecen y cambian. Es así como refleja su opinión del mundo y de sus habitantes; la verdad y la belleza de la vida dependen del crecimiento y del cambio:
Al parecer,
la vida está construida de tal forma,
que nadie puede llenarla solo,
a las flores
no les basta con tener pistilos y estambres,
y un insecto,
o la brisa,
deben introducir el pistilo en el estambre.
La vida es igual,
contiene su propio vacío,
que sólo otro puede llenar.
Al parecer,
el mundo es la suma de esos otros;
y sin embargo no sabemos,
ni nos dicen,
que nos complementamos mutuamente.
Vivimos de forma desperdigada,
ignorándonos unos a otros.
A veces
nos permitimos encontrar desagradable 570
la presencia del otro.
Un tábano,
bañado de luz,
se acerca volando a una pequeña flor.
Yo también he podido serlo,
sin saberlo,
el tábano de alguien.
Quizás tú también
has sido alguna vez
mi brisa
El tiempo y la memoria (la muerte y la memoria) son uno de los ejes principales en la obra del joven director, Hirokazu Kore-eda una fuerza impulsora que lo lleva a explorar en cada una de sus películas “las grietas más oscuras de la condición humana que condu¬cen al suicidio, los actos terroristas, las relaciones no sincronizadas...” (Peter Bradshaw, en “The Guardian”).
Hacer las paces con el pasado es tal vez una de nuestras mayores necesidades para avanzar como individuos, dice otro crítico. Por un lado, nuestra memoria nos ayuda a enfrentarnos al presente pero también puede hacernos vivir obnubilados en nuestros re¬cuerdos. En este sentido, pocas obras son capaces de comunicar dicha dualidad como “Maboroshi”, el primer largometraje de Hirokazu Kore-eda.
El nombre original de la cinta, “Maboroshi no hikari”, que puede traducirse como “Fantasma de luz”, hace referencia a los fuegos fatuos o luces que aparecen de noche bajo ciertas condiciones atmosféricas. A veces estas luces desviarían de su rumbo a navíos y viajeros, que perseguirían sin éxito sus brillos en la distancia abandonando el camino a casa y perdiéndose para siempre en las sombras.
Sin embargo, “Maboroshi” nunca se recrea en sus elementos potencialmente me-lodramáticos. A pesar de su estilo realista, no es difícil percibir cierta ensoñación en sus imágenes. La lejanía de los tiros de cámara junto al ritmo lento contrasta con el violento avance del tiempo que se revela como una fuerza indiferente a los cambios. De la misma manera, la aflicción y el duelo se encuentran siempre presentes a través de las vestimentas negras de los personajes.
“Maboroshi” nos habla de nosotros mismos y de cómo a pesar del paso de los años y las distancias recorridas siempre podemos sorprendernos al encontrarnos vagando en las mismas habitaciones, acompañándonos por las mismas personas y haciéndonos las mis¬mas preguntas...
Fantasmas que tal vez ya solo existen en nuestra memoria pero que siempre podre¬mos distinguir en la distancia, brillando desde la oscuridad.
El título vagamente significa "visión" o "ilusión", pero para su lanzamiento en Ja-pón, el título completo de esta película fue "luz fantasma" (“Maboroshi no Hikari”), que fue adaptada al cine por Yoshihisa Ogita
Dice Roger Ebert en su crónica hablando de la película que nos toca ver esta semana: "Maboroshi" es una película japonesa de asombrosa belleza y tristeza...
Esta es la primera película de Hirokazu Koreeda (al que ya conocemos por “After Life” -su película número dos- que fue programada en nuestro cine club), un joven director japonés que empezó en la televisión, como ayudante de dirección y como realizador de documentales, cuyo amor por el trabajo del gran director Yasujiro Ozu (1903-63) es evidente. Ozu es uno de los cuatro o cinco mejores directores de todos los tiempos, y algu¬nos de sus toques visuales son visibles aquí. La cámara, por ejemplo, a menudo se coloca al nivel de los ojos de alguien arrodillado sobre una estera de tatami.
Sus películas son en general meditaciones reflexivas, sobrias y líricas que suelen abor¬dar asuntos de familia, muerte y memoria, poseen influencias de Yasujiro Ozu y, en espe¬cial, de su director favorito, Mikio Naruse.
Nota: (Mikio Naruse fue un realizador cinematográfico cuya filmografía se exten-dió a lo largo de tres décadas y 89 filmes, mudos y sonoros. Las películas de Naruse se caracterizan por guiones sencillos, con pocos diálogos y una cámara no intrusiva. Se le conoce mejor por el estilo de su trabajo tardío: deliberadamente lento, para magnificar el drama cotidiano de los problemas y tribulaciones de la gente corriente, estilo también caracterizado por otorgar un gran margen a sus actores para que pudiesen retratar matices psicológicos en cada mirada, gesto y movimiento... A pesar de ser uno de los grandes del cine japonés, junto a Kenji Mizoguchi, Yasujiro Ozu y Akira Kurosawa, ninguna de las películas de Naruse se estrenó en España y muy pocas en el resto de Europa. Naruse fue el maestro de la inflexión sentimental y de la discontinuidad. Llevó a sus películas el sostén de la mejor literatura moderna del país, Tanizaki, Kawabata o Hayashi Fumiko, autora de la que adaptó cinco textos para otros tantos filmes magistrales).
Con la fantasía “After Life” Hirokazu Kore-eda logró uno de sus films más celebrados.
Más tarde estrenó “Distancia”, y luego “Hana”, que narra una historia de venganza con samuráis en el siglo XVIII, a continuación “Still Walking (Caminando)” y “Air Doll” (2009) ésta protagonizada por una muñeca hinchable que toma vida, abandona el hogar del hombre que la cuidaba y la utilizaba sexualmente, y encuentra el amor en la figura de un trabajador de un videoclub. Más tarde estrenó “Nuestra Hermana Pequeña”, ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes por “Un Asunto De Familia” en 2018, la historia de una familia de ladrones que acoge a una niña maltratada que encuentran en la calle. En el 2019, con Catherine Deneuve, Juliette Binoche y Ethan Hawke, estrenó “La Verdad”, un film muy estimable.
Kore-eda frecuentemente se aleja de la acción para simplemente mirar por un mo¬mento algo: una calle, una puerta, una tienda, una vista. Y hay dos pequeños toques en los que el joven director reconoce sutilmente al maestro: una tetera característica en primer plano de una toma, y una escena en la que el motor de un barco del canal emite un sonido tan increíblemente similar al del barco al comienzo de " Floating Weeds " de Ozu (1959) que podría haber sido sacado de su banda sonora.
“Maboroshi” es una de esas valiosas películas en las que debes ubicarte activamente en la mente del personaje. Hay momentos en que no sabemos lo que está pensando, pero estamos inspirados con una simpatía activa. Queremos entender; si bien, ella, la protagonista, también.
“Hay una pista en el título de la película, que se refiere a una luz misteriosa que atrae a los marineros lejos en el océano”.
Basada en la novela corta "Maborosi no Hikari” (Illusory Light) del conocido autor japonés Teru Miyamoto, la adaptación de Kore-eda sigue las pruebas y tribulaciones de Yumiko, una joven casada cuya vida parece casi imperceptiblemente atormentada por el espíritu de la muerte.572
La película, cuyo título es la palabra japonesa para espejismo, implica en última instan¬cia que el anhelo de muerte es una fuerza tan impredecible y a veces tan irresistible como una luz ilusoria en el horizonte sobre el océano que atrae a los pescadores hacia el mar.
“Hacer las paces con el pasado es tal vez una de nuestras mayores necesidades para avanzar como individuos”, decía Koreeda.
“Maboroshi” casi podría tomarse como una especie de gótico japonés (variedad de relato de misterio, fantasía y terror. El sorprendente uso de la luz por parte del director de fotografía Masao Nakabori, y la ausencia de ella, también juega un papel importante en la historia: la película utiliza exclusivamente iluminación natural, evitando los escenarios organizados con la mayor frecuencia posible y manteniendo algunas escenas nocturnas completamente en la oscuridad, un espejo misterioso para el corazón herido de Yumiko, la protagonista.
“Maboroshi”, que se exhibió en el Museo de Arte Moderno, transmite un sentido de realidad diferente al de la mayoría de las películas.
“Mabaroshi” está protagonizada por Makiko Esumi una exmodelo, actriz, escritora, ensayista y letrista japonesa. Esumi es más conocida por su papel de Chinatsu Tsuboi en la serie dramática de televisión japonesa “Shomuni”, así como por su película “Mabaroshi”. Alta, esbelta y grave, aporta una gran quietud a la pantalla... como una figura en una ópera que no tiene canción. (Datos de Wikipedia)
Esta son algunas de las frases de los críticos cuando “Mabaroshi” fue estrenada:
"Exquisitamente fotografiada por Masao Nakabori, “Maboroshi” es una película fascinante. Los dos primeros tercios son de ritmo lento, pero están cargados de belleza y misterio.”
"Bella de forma exquisita (...) Una obra poética y pictórica de impresionante inten¬sidad visual y profundidad emocional."
"Adorable, triste e hipnótica (...) Es una reflexión sobre la vida y la muerte y la ma¬nera en que la pérdida nos altera para siempre."