
Maborosi
26/02/2021
Ordet
19/03/2021
FICHA TÉCNICA
Título original “Les roseaux sauvages” (Wild Reeds)
Año 1994
Duración: 110 min.
País: Francia
Dirección: André Téchiné
Guión: André Téchiné, Gilles Taurand, Olivier Massart
Música Varios
Fotografía Jeanne Lapoirie
Reparto: Elodie Bouchez, Gaël Morel, Stéphane Rideau, Frédéric Gorny, Michèle
Moretti, Jacques Nolot
Productora IMA Films, Les Films Alain Sarde
Sinopsis:
“El hombre no es más que un junco, lo más débil de la naturaleza;
pero es un junco pensante”
Blas Pascal
Provenza, 1962. Con la guerra de Independencia de Argelia como telón de fondo, la trama se basa en las relaciones de un grupo de estudiantes de un internado. François (Gaël Morel), un chico de dieciocho años, descubre que es gay y que está enamorado de Serge (Stephane Rideau), su compañero de cuarto. Éste al principio parece corresponder¬le, y una noche se acuestan juntos. Pero, a continuación, Serge no quiere saber nada de François y se interesa por Maité (Elodie Bouchez), una joven militante comunista, hija de una de las profesoras. (FILMAFFINITY)
PRESENTACIÓN "LOS JUNCOS SALVAJES"
PREMIOS
1994: 4 Premios Cesar: incluyendo Mejor película y director. 8 nominaciones
1995: Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor película extranjera
1995: Asociación de Críticos de Los Angeles: Mejor película extranjera
1994: Festival Internacional de Chicago: sección oficial
EL DIRECTOR ANDRÉ TÉCHINÉ
Nace en 1943 en el sudoeste de Francia. Estudia interno en un colegio donde la disciplina es muy estricta, incluso militar. Durante sus salidas de fin de semana va al cine que en sus propias palabras le enseñó todo, la realidad y la vida. Su pasión por éste le llevó a París cuando tenía 19 años.
Hizo el examen de ingreso al IDHEC (Instituto de Altos Estudios de Cinemato¬grafía) sin lograrlo, pero coincidiendo con la edición de una crítica suya de la película de Truffaut, La piel suave (1964) en la prestigiosa revista Cahiers de cinéma. Gracias a esa co¬laboración entró en contacto con Kurosawa, Bergman, Antonioni o Fellini. Junto con un grupo de críticos, al que dieron en llamar “Jóvenes Turcos”, durante dos años desentraña las obras cinematográficas de los mayores representantes de la Nouvelle Vague: Jean-Luc Godard, Éric Rohmer, Claude Chabrol, Alain Resnais, Louis Malle, Agnès Varda y tam¬bién Jacques Demy. Trabajó como asistente de realización de algunos de estos directores, entre ellos, Jacques Rivette.
Su filmografía está compuesta por veintitrés largometrajes, varios cortometrajes y documentales, series para televisión y como guionista para otros proyectos. También par¬ticipó como actor en algunas producciones.
Su primera película, Pauline se va (1968) se vio en las salas después de su segunda Recuerdos de nuestra Francia (1975), en las que se reconoce la gran influencia que tuvie¬ron en él Bertol Brecht y su admirado Ingmar Bergman. En Barocco (1976) manifiesta su dominio de las técnicas cinematográficas, un avance plástico y técnico en la composición, el encuadre, la música o las transparencias (dos Depardieu en pantalla).
Se ha preocupado siempre por los conflictos de la identidad, de ese descubrir quiénes somos en realidad, como en En la boca no (1991) o Mi estación preferida (1993) siempre envuelto en una inocultable humanidad. Trata de meter a los espectadores en historias 43
extraordinarias. Pérdidas o amores imposibles abundan en su filmografía. Los ladrones (1996), La chica del tren (2009), Cuando tienes 17 años (2016) han explorado conflictos familiares, despertares sexuales y sentimientos de alienación.
Cuando pocos se atrevían, él se muestra como un director comprometido en especial con la humanidad, con lo que atraviesan los hombres en su vida, dando visibilidad a per¬sonas con sus traumas, o grupos sociales incómodos o invisibles. Trata la homosexualidad o la migración. Después de los estragos que hizo el SIDA en la década de los 80 y 90, su pertenencia a este grupo de riesgo fue como un homenaje a esas víctimas (Los testigos, 2007). En las dos películas rodadas en Tánger (Lejos, 2001 y Otros tiempos 2004), apare¬ce un grupo de personas migrantes llenas de esperanza, en busca de un mundo mejor. Su compromiso mayor es con la vida y las personas. Por eso, en el documental biográfico de Thierry Khalif, le califica de “insumiso” (2018).
Su cine va dirigido a un público indiferenciado social, sexualmente y para todas las edades.
Su selección de actores le llevó a apostar por jóvenes desconocidos como la veintea¬ñera Juliette Binoche (La cita), o por actrices consagradas como Catherine Deneuve a la que califica de flexible y dócil. Será la protagonista de siete de sus películas y a la que le une una larga amistad. En ella descubre que su belleza fue un hándicap para resaltar sus enormes capacidades artísticas.
Actores y actrices como Jeanne Moreau, Isabelle Huppert, Emmanuelle Béart o Daniel Auteuil lo reconocen como un director de actores excepcional, que propició un cambio en sus vidas.
Si es un descubridor de nuevos talentos también es un gran feminista. Su defensa de la libertad sexual de las mujeres se manifiesta en numerosas películas.
En su técnica cinematográfica utiliza a la cámara para hacer visible lo que los per-sonajes no explicitan y crea el suspense. En Hôtel des Amériques (1981), son las miradas entre los protagonistas las que llevan a profundizar y desvelar los misterios.
Téchiné inventó un método de rodaje con dos cámaras, que construye un espacio crítico complementario al mismo tiempo que nuevas condiciones para la actuación de los actores. Trabajando con dos cámaras evita el efecto de plano – secuencia. Utiliza el guion como trampolín para atrapar el instante que desea durante el rodaje. En el montaje pro¬cura no romper la continuidad que es necesaria para obtener el resultado deseado. (Ver escenas finales de Los juncos salvajes).
Entre los intervinientes en la realización de la película que presentamos figura Jeanne Lapoirie, fotógrafa que forma parte del movimiento 50/50 por la igualdad de la mujer y la diversidad en el cine y los audiovisuales. Fue nominada a los premios Cesar en tres ocasiones.
André Téchiné, director culto, tímido y valiente a la vez, rueda ese canto a la vida que es Los juncos salvajes.
Parte de una propuesta para hacer una serie para la cadena de televisión Arte, obra colectiva bajo el epígrafe de Tous les garçons et les filles. Debía escoger un decenio y un fondo histórico. Esta apuesta le animó a aceptar el encargo pues no estaba en su deseo exponer su adolescencia. La guerra de Argelia le convenía a ese propósito. A un tiempo rodó en la clandestinidad la película que duró media hora más. Así es cómo El roble y los juncos se convierte en Los juncos salvajes en el cine.
Junto con Mi estación preferida (1993), es la más autobiográfica. Si la primera repre-senta la muerte de su madre y los cambios en las personas a la edad de los cincuenta, Los juncos salvajes evoca el primer amor.
Es hija legítima del cine de Louis Malle en Adiós muchachos ( 1987) en lo que toca a la intrusión de la política en la vida de los jóvenes y El soplo al corazón (1971), así como de Eric Rohmer en Paulina en la playa (1983), con parada principal en la trilogía que nos regaló François Truffaut: Los cuatrocientos golpes (1959), El pequeño salvaje (1969) y La piel dura (1976)
Téchiné seleccionó a actores sin experiencia que rindieron un trabajo espléndido y con los que afinaba los diálogos cada día en el plató. El rodaje se realizó en el mismo cole¬gio en el que estudió y los luminosos paisajes exteriores tan frecuentados en su juventud. Con la guerra como telón de fondo, Téchiné mezcla así lo íntimo y lo histórico, y se man¬tiene fiel a su gusto por lo romántico.
La película no es nostálgica en el sentido de American Graffiti. Los Platters’ “Smoke Gets in Your Eyes,” De Shannon “Runaway” y de Beach Boys’ “Barbara Ann”, amenizan no obstante el guateque juvenil, fieles a su época.
Dos escenas llenas de pasión, la de François que lee en voz alta la fábula de La Fontaine, como Natalie Wood lee la Oda a la inmortalidad de William Wordsworth en Esplendor en la hierba.
El tono y los sentimientos están ligados a las oscilaciones entre ironía y sentimenta¬lidad, violencia y ternura, rebelión y aceptación, ambigüedad y atracción que conforman el tema del amor y la amistad.
Todos y cada uno de los protagonistas deben resolver su propio dilema, cual juncos, doblados, pero no rotos.