
Hanna K
13/12/2019
Hoy empieza todo
10/01/2020
FICHA TÉCNICA
Título original “Lola Montès”
Año 1955
Duración 110 min.
País Francia
Dirección Max Ophüls
Guión: Jacques Natanson, Annette Wademant, Max Ophüls (Novela: Cécil
Saint-Laurent)
Música Georges Auric
Fotografía Christian Matras
Reparto: MARTÍNe Carol, Peter Ustinov, Anton Walbrook, Oskar Werner, Ivan
Desny, Lise Delamare
Productora Coproducción Francia-Alemania; Gamma Films, Florida Films, Unionfilms
Género Drama | Circo. Siglo XIX. Basado en hechos reales. Biográfico
Sinopsis:
Narra la historia de Lola Montes (1821-1861), cortesana y bailarina famosa en toda Europa. Nacida en Irlanda, Lola (MARTÍNe Carol) fue la amante de grandes hombres como el músico húngaro Franz Liszt o Luis I de Baviera. Ya en el ocaso de su carrera, trabajó en un circo de Nueva Orleáns, Luisiana, donde realizaba un número acrobático mientras un maestro de ceremonias (Peter Ustinov) narraba al público su escandalosa vida. (FILMAFFINITY)
PRESENTACIÓN "LOLA MONTES"
Dicen, cuentan, que Lola Montez (acabado en zeta), cuyo verdadero nombre era Eli¬zabeth Rosanna Gilbert, nació en Irlanda el 17 de febrero de 1821. Su madre quiso casarla cuando tenía dieciséis años con un militar sesenta años mayor que ella, pero antes de que eso ocurriera, la aún Elizabeth Rosanna, se fugó huyendo de un internado para señoritas con el amante robado a su propia madre: el capitán Thomas James, quien la desposó y la llevó a vivir junto a su cuartel en Calcuta. Más tarde vinieron George Trafford Heald, un joven oficial de caballería que acababa de heredar, pero también mantuvo relaciones con Alejandro Dumas padre, con Honorato de Balzac, con un periodista llamado Patrick Hull, con un tal barón de Maltzahnn, con el zar Nicolás I, el empresario circense Barnum, el compositor Franz Liszt, y el más duradero y más importante de todos, el rey Luis I de Baviera, sin olvidar, entre sus relaciones sexuales a la escritora George Sand.
También cuentan, dicen, que Lola Montez, el día que fue presentada a Luis I de Baviera, éste le preguntó en público si su cuerpo era obra de la Naturaleza o del Arte, a lo que la Montez contestó cogiendo unas tijeras, cortándose el vestido, y mostrando sus pe-chos desnudos. A partir de ese momento el rey la hizo su amante y por su intermediación fue contratada para actuar en el mejor teatro de Múnich y, poco más tarde, la convirtió en baronesa de Rosenthal, y tiempo después en Condesa de Landsfeld.
Lola Montez bailó un día para el monarca interpretando su famosa "Danza de la tarántula". Al concluir, el otoñal monarca besó sus pies manifestándose como ferviente enamorado, e inmediatamente hizo dos encargos: uno, para que esculpieran en mármol uno de sus pies (que, según cuentan, Luis I besaba todas las noches antes de acostarse), y otra para que el pintor oficial de la corte hiciera un retrato de la dama vestida como bai-larina andaluza, que fue instalado en su pinacoteca real, en la llamada "La Galería de las bellezas" de su residencia estival, el palacio de Nymphenburg. Parece ser que la relación con Lola y la intromisión de ésta en la vida política del país contribuyeron considerable-mente a la caída de la popularidad del anteriormente querido rey, el gobierno dimitió en bloque y éste tuvo que abdicar en 1848 bajo la presión del creciente movimiento liberal, y Lola abandonó Baviera.
Lola Montez, aventurera, cortesana y bailarina, y una de las mujeres más fascinantes del siglo XIX con un notable poder de seducción, llamaba la atención por su belleza exó-tica, su atrevimiento y su descaro. Y unos y otros señalaban que tenía: "unos ojos especial-mente hermosos, una piel oscura propia de Oriente y cierta altivez".
Cuentan, entre otras cosas, que al morir Lola Montez fueron encontradas algunas cartas que demuestran que su idea era dar un golpe de Estado para anexionarse California (donde residió un tiempo) y llamarlo Lolaland, que publicó un libro sobre consejos de belleza titulado "El arte de la belleza. Secretos de tocador de una dama con pistas para los caballeros sobre el arte de fascinar", dio conferencias disertando de "La justicia histórica sobre el intelecto de las mujeres" (cobrando más que Charles Dickens, famoso conferen¬ciante en su época), y llegó a protagonizar en Broadway un musical sobre su propia vida, convirtiéndose en la artista con más caché de la época.
Lola Montez, arruinada, pasó sus dos últimos años en Nueva York viviendo práctica-mente en la calle, donde contrajo una neumonía que le causó la muerte. Está enterrada en el cementerio de Green-Wood en Brooklyn. En la lápida de su tumba se lee: "Señora Eliza Gilbert / Muerta el 17 de enero de 1861, a la edad de 39 años". Ninguno de sus dos hijos reclamó su cuerpo; uno porque se encontraba en la cárcel, y el otro no respondió.
Lola Montez, a pesar de morir tan joven, tuvo tiempo de llevar una vida intensa y apasionante haciéndose pasar por bailarina española (andaluza, concretamente), reco-rriendo los escenarios de medio mundo. Fue admirada, deseada, utilizada, abandonada, desterrada y humillada.
Ella confesó una vez: "Si todo lo que se ha dicho de mí fuera cierto, merecería ser enterrada viva".
Cuando la película Lola Montés se estrenó, a finales de 1955, fue causa de una gran polémica y un rotundo fracaso comercial. Anunciada a bombo y platillo como el mayor es-pectáculo cinematográfico de la temporada, la mayor inversión en una producción europea hasta la fecha, en Technicolor y Cinemascope, y más de 80.000 metros de película impresio¬nada, Lola Montés, sin embargo, estaba destinada a ser el centro de una controversia que se prolongaría a lo largo de los años. El propio distribuidor advertía a los espectadores antes de la proyección de que la película que iban a ver se salía de lo común, y que estaban a tiempo de recuperar el dinero de sus entradas. La policía tuvo que intervenir en más de una ocasión.
Presionado por los productores ante el fracaso del estreno, Ophüls se vio obligado a recortar 30 minutos del metraje de los 140 originales. Pero los productores no estuvieron satisfechos y siguieron cortando y cortando por su cuenta, principalmente desvirtuando la manera que tuvo Ophüls de contar la película, eliminando para ello los flashbacks y haciendo un montaje cronológico, hasta dejar la película reducida a 91 minutos para el estreno en EEUU. A partir de aquí existen diferentes versiones con metrajes y doblajes distintos, y se cuenta que son muchos los que piensan que los disgustos que Ophüls tuvo con la película aceleraron su muerte ocurrida tres años después.
François Truffaut, que por aquella época, con tan sólo 23 años, se había convertido en un crítico polémico, hizo de Lola Montes su causa. Reunió a diferentes cineastas en apoyo de uno de sus compañeros. Roberto Rossellini, Jacques Tati, Jean Cocteau, Chris-tian-Jacque, Alexandre Astruc o Jacques Becker fueron algunos de los que firmaron el ma-nifiesto de Truffaut, cineastas de prestigio que se solidarizaron con Max Ophüls y exigían a espectadores, distribuidores y productores, un trato respetuoso para una película que consideraban admirable.
El manifiesto, publicado en Le Figaro el 5 de enero de 1956, decía así: "Lola Montes supone una aventura nueva, audaz y necesaria; es un film importante que llega justamente en el momento en que el cine precisa, con urgencia, un cambio de aires". Y terminaba: "Defender Lola Montes supone defender el cine en general, ya que todo intento serio de renovación es un bien para el cine y para el público".
Pero la espera para que la película fuera reconstruida, fue larga: el film se mantuvo fragmentado y censurado más de 50 años, hasta 2008, en que la Cinemateca Francesa con la ayuda del hijo de Ophüls (también director) restauró la cinta digitalmente, aunque solamente se recuperaron 115 minutos de los 140 que tenía el film, otorgándole, casi en su totalidad, las intenciones que tenía el director y recuperando así mismo el color original que se buscaba durante el rodaje. Inauguró el Festival de Cannes en 2008.
Lola Montes significó para el cine europeo algo parecido a lo que "Ciudadano Kane", de Orson Welles supuso para el cine americano. Al igual que Welles, Ophüls tuvo carta libre por parte de los productores para realizar su película. Y al igual que Welles, Ophüls innovó tanto técnica como narrativamente el cine, sirviendo "Lola Montes" de punto de inflexión y catalizador para su transición. Sin embargo, para Welles "Ciudadano Kane" sería la primera película de su filmografía; para Ophüls, en cambio, Lola Montes sería la última.
Se ha escrito mucho sobre Lola Montez. La periodista y escritora española Cristina Morató publicó un libro titulado «Divina Lola», y Bruce Seymour, escribió "Lola Montez: una vida". Pero la película que vamos a ver está basada en una novela de Cécil Saint-Lau-rent titulada "La vida extraordinaria de Lola Montez" inédita en su momento, y que no se publicó hasta mucho más tarde, en 1972.
También el cine se ha acercado a este personaje. La primera vez en 1922 en Alema-nia, con "Lola Montez, Bailarina del Rey" Después lo hizo JOSÉp von Sternberg en 1930, en "El Ángel Azul", donde una jovencísima Marlene Dietrich daba vida a una cabaretera llamada Lola, Lola. Hasta en España, donde la actriz Conchita Montenegro encarnó al personaje en la película de 1944 "Lola Montes", de Antonio Román. Y así mismo en 1948, en el wéstern "El enmascarado", donde Lola Montes estaba interpretado por Yvon¬ne de Carlo. Y en 1961, Jacques Demy rueda "Lola", inspirándose en el personaje del título en la película de von Sternberg y como homenaje a Ophüls.
Hay una copla escrita por Rafael de León en 1942, titulada "Lola Montes", que cantó Concha Piquer. Por otro lado, el compositor y guitarrista español Trinidad Huerta compuso un bolero para guitarra titulado también "Lola Montes". Y así mismo el grupo danés de heavy metal Volbeat, dedicó a Lola Montez una de sus canciones donde se cuenta parte de su vida y se dicen cosas como que "era erótica y subversiva", que "cegaba tus ojos con su baile de araña", o "ella te atrapará en su red".
De Max Ophüls hemos visto en este Cine Club sus películas más emblemáticas: "Carta de una desconocida" y "Madame D...", pero también es el autor de "La ronda" y "El placer", entre otras. Ophüls, un director donde la puesta en escena es lo que da cuerpo a su cine, comenzó su trayectoria en el mundo del espectáculo en los años 20 como actor y director teatral, después llegó el cine, e hizo 25 películas.
PARA EL COLOQUIO
Sobre el tono o toque personal de algunos directores de cine:
Hay directores que tienen un tono personal constante a lo largo y ancho de sus películas, como pueden ser Orson Welles, Bergman, o Fellini, o incluso Scorsese de otra manera. Pues Ophüls también forma parte de ese grupo de élite a la que aspiran muchos y muy pocos llegan, donde el contenido y la forma se unen en un todo. Las películas de Ophüls se parecen unas a las otras como gotas de agua. Mujeres enfrentadas a hechos que quieren resolver y no resuelven del todo.
El cómo se cuenta, el espectáculo, más que los acontecimientos:
A Ophüls parece que le interesa más el espectáculo que el relato, la manera de contar la historia es más deslumbrante que los acontecimientos que suceden.
De Max Ophüls como creador abigarrado. Utilización de la pantalla:
En Ophüls todo es abigarrado, los encuadres están plagados de cosas: espejos, lám¬paras, cortinas, gasas, tules, candelabros, cristales, objetos que tapan a medias a los actores. Cuando le viene grande el cinemascope, lo convierte en una pantalla corriente, al uso, y así acorta los planos y se acerca a los personajes.
Max Ophüls y el movimiento continuo con la cámara:
Max Ophüls, con un poderío visual que aturde, entiende el discurrir de la película como un flujo que avanza de manera continua, gracias a ese movimiento de la cámara deslizándose, ascendiendo, avanzando y retrocediendo siguiendo a los personajes en sus trayectorias .
Merodear por los bordes de la historia. Escenas fuera del argumento:
Esto es lo que le gusta a Ophüls, el montar algo porque sí, "merodear por los bordes de la historia", como dice Jonás Trueba. Personajes que van y vienen, que suben y bajan escaleras, atraviesan salones, pasillos, puertas, siempre activos mientras la cámara les per¬sigue para no perderlos.
El último plano de Lola Montes:
La escena final de la película, con Lola Montes encarcelada en una jaula a la que se acercan los asistentes para tocarle las manos, que ella asoma entre los barrotes, por un dólar, con el reclamo de que anteriormente las mismas manos habían sido tocadas por hombres poderosos (casi como una imagen religiosa a la espera de sus devotos).
¡FELIZ AÑO! Y nos vemos en enero.