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FICHA TÉCNICA
Título original “Lakposhta parvaz mikonand”
Año 2004
Duración 95 min.
País Irán
Dirección Bahman Ghobadi
Guión Bahman Ghobadi
Música Hossein Alizadeh
Fotografía Shahriar Assadi
Reparto: Avaz Latif, Soran Ebrahim, Hirsh Feyssal, Saddam Feysal, Abdol Rahman
Karim
Productora Bahman Ghobadi Mij Films, Bac Films
Género Drama | Pobreza. Discapacidad. Drama social. Infancia
Sinopsis:
Los habitantes de un campo de refugiados del Kurdistán iraquí buscan desesperada-mente una antena parabólica para poder estar informados del inminente ataque americano contra Irak. Los niños del campamento, liderados por un chico al que llaman "Satélite", se dedican a la recogida y venta de minas antipersona. Nuevos refugiados llegan al lugar: un joven mutilado, su hermana y un niño pequeño. Satélite quedará prendado de la triste belleza de la joven. (FILMAFFINITY)
PRESENTACIÓN "LAS TORTUGAN TAMBIÉN VUELAN"
Multipremiada y sin pelos en la lengua, como un jarro de agua fría, se trata de la primera película rodada en territorio iraquí desde la caída de Saddam Hussein.
El cine, una vez más, además de entretenimiento, se presenta como uno de los pocos recursos que tienen los menos afortunados para que su situación sea contada. Y es que la cinta enfrenta al espectador con una realidad tan cierta como ignorada: la de los campos de refugiados ocasionados por las guerras, en donde niñas y niños, huérfanos, heridos, enfermos o incluso violados, quedan abandonados a su suerte.
Su director, el iraní Bahman Ghobadi, es el principal portavoz de cine kurdo. Nacido en 1968, la obra de este joven director siempre se ha desarrollado bajo la cinematografía iraní. Tras intervenir en algunos títulos como actor y productor, dio el salto a la dirección en 1999 con el cortometraje “Life in Fog”. En el año 2000, dirigió el largo “A Time for Drunken Horses” al que seguiría en el año 2002 la cinta “Songs of My Motherland”, un título que fue premiado en varios festivales internacionales. Todas estas películas contaban con varias características comunes: rodajes llevados a cabo con presupuestos ínfimos, te¬máticas siempre centradas en la problemática kurda, actores semiprofesionales que, prácticamente, se interpretan a ellos mismos y diálogos que alternan el kurdo con el árabe. Lamentablemente, estos factores hacen que la mayor parte de la producción de Ghobadi sólo ha podido ser vista en festivales de cine o en circuitos muy especializados y marginales de distribución.
Aprovechamos estas líneas para recomendar otro de sus títulos, “Nadie sabe nada de gatos persas” (2009).
Volviendo a la película. A caballo entre el docudrama hiperrealista y la fantasía mágica y simbólica, la cinta se erige como un contundente alegato antibelicista, en denuncia del uso sistemático de las minas antipersona en los conflictos bélicos. El Kurdistán, al igual que sucede en otras latitudes como Corea, ha sido y continúa siendo uno de los países más afectados por la siembra sistemática de minas fabricadas por EE.UU. y países europeos, vendidas a los luego satanizados gobernantes locales. Por no hablar del circuito sempiterno y absurdo de dichos artefactos: el ejército de EE.UU. compra las minas a los fabricantes, los soldados las siembran en territorio civil, luego los niños las desentierran para vendérselas a los intermediarios, que a su vez las venden a quién sabe qué mafia oscura, quizás los “mismos fabricantes”, en una espiral sin salida de mortales consecuencias.
Una cinta de nacionalidad kurda, producida con capital iraní e iraquí y rodada en un campo de refugiados kurdo del norte de Irak en pleno conflicto armado no es, a priori, un producto con posibilidades de ser estrenado en nuestro país.
Después de un rodaje muy accidentado, la película estaba lista para su distribución. Tras superar no pocas dificultades, la cinta logró ser proyectada en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián donde, de forma unánime, fue galardonada con la Concha de Oro a la mejor película. Y es que, desgraciadamente, los espectadores occidentales nos dejamos muy a menudo seducir por los cantos de sirena que nos llegan desde Hollywood y, por ello, nos dejamos perder algunas joyas que nos llegan desde África, Asia o el oriente más lejano.
Como curiosidad diremos que, cuando el escritor peruano Mario Vargas Llosa, presidente del jurado, entregaba el premio, la ovación fue unánime. Todos los asistentes al acto vieron con buenos ojos la concesión del galardón no sólo por la calidad humana de la película sino también por la sencillez y crudeza, con la que el director había logrado explicar su historia.
Este galardón dio alas a la película y facilitó que su distribución fuera menos limitada. De hecho, la cinta ha llegado incluso a las carteleras norteamericanas donde ha cose¬chado una notable respuesta del público y crítica. En el resto de países en los que ha sido estrenada, incluido el nuestro, todo el mundo ha coincidido en señalar las excelencias de esta magnífica cinta. Su director dijo: “En mi película el trabajo de los niños consiste en encontrar minas antipersonales para después venderlas porque, aunque no sé desde cuán¬do está minado el Kurdistán, tanto mi abuela como mi madre me contaron historias de minas antipersonales y de los que fueron sus víctimas. Desde que se inventaron, Kurdistán ha sido y sigue siendo uno de los países más afectados por ellas. Los fabricantes norteamericanos y europeos se las vendieron a dictadores como Sadam u otros que las disemina¬ron por todo el país. Creo que llevará mucho tiempo retirarlas. Cada día, cada hora, hay personas inocentes que mueren o quedan mutiladas por ellas. ¡Incluso hay familias en el Kurdistán que ponen el nombre de Mina a sus hijos recién nacidos!”.
“En Kurdistán no tenemos actores porque allí el cine es un arte nuevo, pero aunque tenga actores no profesionales trabajo con ellos como si lo fueran y los dirijo de tal forma que puedan entrar en el personaje”.
Lúcida, amarga, irónica, profundamente humana, cargada de elementos para la reflexión, esta pequeña película es una joya a la que le hemos de dar una oportunidad. Para todos aquellos que buscan en el cine algo más que un mero entretenimiento, para aquellos que gustan de contemplar historias que hablen del mundo en el que viven, que nos mues¬tren que, más allá de nuestras confortables vidas occidentales, existen colectivos que sufren problemas a los que no podemos permanecer ajenos. Una película que no se han de perder por nada del mundo.
JOSÉ MIGUEL PUERTA