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FICHA TÉCNICA
Título original "L'Heure d'été" (Summer Hours)
Año 2008
Duración 102 min.
País Francia
Dirección Olivier Assayas
Guión Olivier Assayas
Música Varios
Fotografía Eric Gautier
Reparto: Juliette Binoche, Charles Berling, Jérémie Rénier, Edith Scob, Dominique
Reymond, Valérie Bonneton, Isabelle Sadoyan, Kyle Eastwood, Alice de Lencquesaing,
Emile Berling, Jean-Baptiste Malartre
Productora MK2
Sinopsis:
Entre tres hermanos estalla un conflicto cuando su madre, albacea de la excepcio¬nal colección de arte del siglo XIX que perteneció a su tío, muere repentinamente. Sin embargo, no tendrán más remedio que limar asperezas y llegar a un acuerdo. Adrienne es en Nueva York una diseñadora de éxito, Frédéric es economista y profesor universitario en París, y Jérémie, un dinámico hombre de negocios asentado en China. Esta situación representa para ellos el fin de la niñez y de los recuerdos compartidos. (FILMAFFINITY)
PRESENTACIÓN "LAS HORAS DEL VERANO"
Hace poco más de un año murió la hermana de Mariasun, mi mujer, y nos encontramos en esa situación que supongo algunos de vosotros habréis vivido alguna vez que va más allá del dolor por la muerte acaecida. ¿Qué se hace con todo lo suyo, su pasado, sus recuerdos almacenados en paredes, armarios y cajones? ¿Mueren con ella? ¿Hay algo que salvar?... Nos pasamos varios días revisándolo todo, rompiendo papeles, calificando objetos, decidiendo qué merecía la pena guardar y qué tirábamos al contenedor o regalábamos a sus amigas. ¿Qué ha quedado de ella?... Nada, realmente, sólo permanecen algunos recuerdos sentimentales, en el mejor de los casos. Pero su vida, al desaparecer, se llevó todo con ella, se la llevo a ella.
También recuerdo que, cuando murieron mis padres, desapareció un baúl donde yo guardaba todos mis tebeos, acabándose para siempre parte de mi infancia con los personajes que allí se almacenaban, como El hombre enmascarado, Roberto Alcázar y Pedrín, Rip Kirby, Jorge y Fernando... Uno se va muriendo un poco todos los días...
Y por todo esto, hoy, me vuelvo a preguntar: ¿Qué será de mis libros cuando yo falte, mis discos de jazz, mis películas, todo lo que he escrito, mis plumas estilográficas, las cuatro pipas que guardo como recuerdo de cuando fumaba, todo lo que almaceno en el ordenador, hasta de mis gafas, éstas que llevo puestas, y esa copia de un cuadro de Dalí que tengo frente a mi cama y es lo último que veo antes de apagar la luz?... Claro que, cuando uno se va, ¿qué importa todo lo demás?...¿Qué quedará de nosotros cuando nos hayamos ido? El problema, o las decisiones son para los que se quedan. Pero, seguramente, los recuerdos nuestros no serán los recuerdos de los que nos sucedan. Ellos tendrán otros recuerdos. Y así irá ocurriendo de generación en generación...
Bien. Este prólogo tan personal y confuso nos lleva hasta la película de hoy, porque algo tiene que ver con "Las horas del verano".
"¿Qué pesa más -se pregunta Javier Ocaña, crítico de El País en la reseña que escribió cuando vio la película?-¿Qué pesa más, el inmaterial legado de lo vivido o el material legado de lo heredado? ¿Qué pesa más, la memoria de un momento de paz, ilusión, alegría o éxtasis en una esquina de la casa familiar, o el dinero de la venta de esa esquina del hogar?".
Y otro crítico reflexiona: "Los recuerdos se constituyen en vivencia presente del pasado. Los objetos y lugares funcionan como un interruptor. Conjuran sólo aquello que ya está en nosotros mismos. Al fallecer, fallecen en nosotros. O, tal vez, quién sabe si perdurarán intactos en otras redes de energía".
Cuentan que André Malraux, cuando era ministro de cultura, mandó grabar en le-tras doradas en el frente del Museo del Hombre, en el Palacio de Chaillot, éstas palabras o poema de Paul Valéry: "De los que pasan depende que sea tesoro o tumba, que les hable o que me calle. La elección es tuya solo, amigo, no entres sin deseo".
Olivier Assayas es un director de cine, hijo de otro director y guionista, ex crítico de "Cahiers du cinema", que lleva haciendo cine desde el año 1982, creador de obras como "Finales de agosto, principios de septiembre" o "Dobles vidas" y "Las horas del verano". Él mismo nos cuenta cómo surgió ésta:
"El Museo de Orsay quería unir el cine a la celebración de su veinte aniversario ofreciendo carta blanca a cuatro directores de carreras muy distintas para hacer cuatro cortometrajes que se comercializarían uniéndoles en una película como pretexto para ho-menajear al museo y donde éste tendría que aparecer. Por razones técnicas y financieras, el proyecto debió ser abandonado, pero tanto yo como mi colega el director taiwanés Hou Hsiao-Hisen seguimos adelante a partir del primer destello que nos inspiró".
Y fue aquella idea propuesta por el Museo de Orsay, como Olivier Assayas con "Las horas del verano" lo que sirvió para escribirla y dirigirla. Al respecto, cuenta Olivier As-sayas en una entrevista hablando de "Las horas del verano": "Era una oportunidad para regresar al tema de mi pasado, mi historia y mis raíces. Lo escribí al darme cuenta de que mi madre no viviría para siempre. Al morir el año pasado, me vi obligado a repensar el filme, que iba tomado un gran significado para mí... Quería contar una historia de una familia que tiene raíces en el pasado pero con ramificaciones en el presente. ¿Qué pasa cuando una generación toma el mando de la posterior? La globalización es tanto un fenó-meno humano como económico, que implica transformaciones en la existencia social de los individuos. ¿Cómo puede el pasado, que ya no representa mucho, echársenos encima? ¿Qué hacemos con él?".
El primer papel importante de Juliette Binoche fue en "Yo Te Saludo, María" de Godard. Luego, entre otras, vino "Herida" (que ya vimos aquí) y más tarde "Tres Colores: Azul", por la que consiguió el premio César a la mejor actriz principal y "El Paciente Inglés", que le hizo ganar el Óscar a la mejor actriz secundaria. Después hizo "Chocolat", "Caché", con Haneke, y llegó el primer trabajo con Assayas en "Las horas del verano" al que siguió "Viaje a Sils María". También protagonizó "Nadie Quiere La Noche" de Isabel Coixet, rodó en Japón "Viaje a Nara" y a continuación hizo "Dobles Vidas", la tercera con Assayas. Y en Venecia, este mismo año, se ha presentado "La verdad", del japonés, Koro-eda (¿os acordáis de "After Life"?), donde la otra protagonista es Catherine Deneuve, haciendo de su madre.
Charles Berling: De este actor los títulos de sus películas (estrenadas en España) no pasan de cuatro o cinco, como "Los destinos sentimentales" (otra de Assayas), "El asunto Ben Barka", "El nombre" o "Elle" (una película de Paul Verhoeven con Isabel Adyani, que recomiendo).
Jérémie Rénier, ha hecho un total de cinco películas con los hermanos Dardenne, entre ellas: "La promesa", "El silencio de Lorna" y "La chica desconocida". Otras pelícu¬las en las que ha participado son "Amantes criminales" y "El amante doble", ambas de François Ozon, o "Escondidos en Brujas", del director de "Tres anuncios en las afueras".
Edith Scob (actriz que falleció a los 81 años en junio de este mismo año), dio sus primeros pasos en el cine de la mano del director Georges Franju -con el que hizo seis películas, entre ellas "Los ojos sin rostro". Con Luis Buñuel, hizo de la Virgen María en "La Vía láctea", o también una película titulada "El porvenir", haciendo de madre de Isabelle Huppert.
"Las horas del verano" es una película muy galardonada. Entre otros, por el Círculo de Críticos de Nueva York, la Asociación de Críticos de Los Ángeles y el Círculo de crí-ticos de cine de Vancouver, que la premiaron como mejor película extranjera del año en que se estrenó.
Peter Travers de la revista Rolling Stone dijo: "Assayas elabora una mezcla casi per-fecta de humor y angustia, un trabajo magistral y lírico que mide la pérdida en términos prácticos y de evanescencia (...) A muchos films se les define como cautivadores; Las horas de verano realmente lo es".
Pero pasemos de los críticos y de los premios. Veamos la película y luego ya veremos si eso es así o de qué otra manera.
PARA EL COLOQUIO
(Fréderic es el hermano mayor, Jeremié el pequeño, Adrienne, la hija, Eloise el ama de llaves y Hélène la madre).
Si tuviera que quedarme con una escena de "Las horas del verano", sería esa en la que después de irse los hijos y sus familias, entra Eloise en la casa con unas flores y ve sentada en la penumbra a Hélène y ésta no quiere que encienda la luz; cuando dice aquello de que a su hijo mayor le ha hablado de su muerte, y que "Hay muchas cosas que desaparecerán conmigo. Los recuerdos, los secretos, historias que no le interesan a nadie". Es un plano que me hace reflexionar sobre la vida y el momento de irse.
Hay tres referencias fílmicas y literarias, para situar en un contexto más cercano la película de hoy: Marcel Proust, Antón Chéjov y Jean Renoir.
De Chéjov (donde en sus obras está presente la infelicidad, el hastío, la soledad y el fracaso), y principalmente su obra de teatro "El jardín de los cerezos", en la que se cuenta la historia de una familia que ve peligrar la hacienda familiar en la que se halla, precisamente, un jardín de cerezos... De Jean Renoir, sobre todo, por su película de 40 minutos "Una partida de campo", rodada en 1936, donde se evoca el universo impre-sionista de las obras de su padre, el pintor Auguste Renoir, y que trata de la condición efímera de la felicidad, la corta duración de la vida y su intensidad en los breves instantes de conexión con la naturaleza (eso es también "Las horas del verano" mayormente en el comienzo y el final de la película, puro Renoir, pura alegría de vivir, de celebrar, de estar juntos) Y la última referencia nos lleva a Marcel Proust, pero lo mejor es recordar las palabras finales del primer volumen de "En busca del tiempo perdido, "Por el camino de Swann", que dicen así:
"La realidad que yo conocí ya no existía. Los sitios que hemos conocido no perte-necen tampoco a ese mundo del espacio donde los situamos para mayor facilidad (...) las casas, los caminos, los paseos, desgraciadamente son tan fugitivos como los años".
Me parece que hay mucho de Marcel Proust en esta película. Es como una elegía sobre el paso del tiempo, el tiempo perdido, el tiempo que se nos va. Y, en contraste, mien¬tras las cosas permanecen como un recuerdo de los que se han ido.
La casa de la madre materializa la unión de esta familia, de cierto standing, al menos cultural, que, con el paso del tiempo, han ido dejando en ella su huella. Pero cuando su madre muere, lo que les unía se deshace, desaparece, se convierte en un vacío. Ya no están protegidos de la madurez y del tiempo, ya no tienen pasado; ahora son ellos los que ocu¬pan la primera fila, como después serán los hijos.
"Ella me decía que algún día traería a mis hijos aquí"... "Mi abuela está muerta, la casa está vendida", dice la hija de Fréderic. Se pone triste. Y acaban volviendo hacia la casa. Y la película acaba como podía acabar un film de Renoir.
Lo que da valor a los objetos tiene menos que ver con lo que están hechos, quién los hizo y cuándo, que con cuánto los amaron, admiraron y usaron sus dueños... Y os recuer¬do la frase de Javier Ocaña en su crítica: "¿Qué pesa más, el inmaterial legado de lo vivido o el material legado de lo heredado?".
Pero hay más cosas en esta película, como los museos o la globalización.
En "la visita" al museo vemos cómo están restaurando la estatua de Degas que vimos rota en la casa. Y allí nos encontramos también con algunos de los muebles que antes vi¬mos en la casa de Hélène. Da un poco la sensación de muerte, como cuando se visita un cementerio. Y así, de alguna manera, lo dice un visitante al hablar por el móvil: "¿Intentamos ir al cine?", dice. Como si ir al cine fuera la vida y el museo un "hecho cultural".
"¿No te parece que está como enjaulado?", dice Fréderic viendo el escritorio. Y su mujer contesta: "Es historia, pertenece a todos. Fréderic dice que los jarrones tienen senti¬do con flores, en un salón, con luz viva".
A Eloise, el ama de llaves, le dicen que se quede con un recuerdo y se lleva ese jarrón que resulta ser muy valioso, pero ella piensa y justifica su presencia si está lleno de flores, adornando un hogar.
Como la estatua rota de Degas guardada en una bolsa de supermercado o el armario de diseño de principios de siglo utilizado como alacena.
Al volvernos ciudadanos del mundo, ¿perdemos esa conciencia de nuestras raíces, nuestro pasado y las tradiciones de nuestros sitios de origen?".
Respecto a la globalización, Assayas ha dicho que "la globalización es tanto un fenómeno humano como económico: la disolución de una sociedad globalizada que poco o nada sabe de su pasado".
Pero es una película sobre crecer y seguir adelante, sobre el flujo de la vida, que es mucho más fuerte que la melancolía que sientes cuando miras al pasado. Tal vez el camino es tener cada día menos cosas, librarse de los apegos. El mismo Assayas sostiene "que uno debe saber cómo deshacerse de la piel muerta para seguir viviendo".
Frédéric se detiene en una curva de la carretera para llorar donde solamente vemos el coche y oímos su llanto.
Los hijos se preguntan que si Hélène tuvo una relación con su tío, el hermano de su madre. Y sí que la hubo, lo cuenta uno de los expertos del museo de Orsay que conoció a ambos: "Hélène fue el último amor de Paul Berthier". "La última gran pasión de Paul", dice el experto. Y que ella le quería mucho.
¿Tienen alma los lugares? Parece que es lo que Olivier Assayas nos quiere mostrar, que es posible que una casa y sus objetos tengan alma.
Hay una frase que me ha gustado de una reseña: "En cada fundido a negro del film, (de "Las horas del verano"), en cada uno de esos parpadeos de la cámara, todos morimos un poco, nos entregamos al sueño que nos une y desintegra".