
Mamma Roma
13/04/2018
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11/05/2018
FICHA TÉCNICA
Título original “The Magnificent Ambersons”
Año 1942
Duración 88 min.
País Estados Unidos
Dirección Orson Welles
Guión Orson Welles (Novela: Booth Tarkington)
Música Bernard Herrmann
Fotografía Stanley Cortez (B&W)
Reparto: Tim Holt, JOSÉph Cotten, Dolores Costello, Agnes Moorehead, Anne
Baxter, Richard Bennett, Ray Collins, Nancy Gates
Productora RKO
Género Drama | Familia. Celos.
Sinopsis:
A finales del siglo XIX, la mansión Amberson es la más fastuosa de Indianápolis. Cuando su dueña, la bellísima Isabel, es humillada públicamente, aunque de forma involuntaria por su pretendiente Eugene Morgan, lo abandona y se casa con el torpe Wilbur Minafer. Su único hijo, el consentido George, crece lleno de arrogancia y prepotencia. Años más tarde, Eugene regresa a la ciudad con su hija Lucy, y George se enamora de ella. (FILMAFFINITY)
PRESENTACIÓN "ELCUARTO MANDAMIENTO"
Hace tres años, presentamos en este Cine Club, La Dama de Shanghái, otra de las grandes películas de Orson Welles, considerado por algunos como el mejor director de cine de todos los tiempos. Hoy vamos a ver y dialogar sobre su segunda película, titulada en España, El cuarto mandamiento, aunque internacionalmente fue conocida como The Magnificent Ambersons. Cuando se rodó esta película, Welles tenía 27 años y coincidió en el tiempo con bombardeo de la base estadounidense de Pearl Harbour por la aviación japonesa, que dio lugar a que EEUU declarara la guerra a Japón y la Segunda Guerra mun¬dial se extendiera al continente asiático.
Cuando ya la película estaba totalmente rodada, Welles estaba en otros proyectos de películas en Rio de Janeiro y no pudo realizar el montaje completo de la película que dejó en manos de la productora RKO. Esta hizo varias pruebas y finalmente recortó mas de 40 minutos del metraje de la misma y le dio un final diferente del previsto por Welles. A pesar de ello, continúa siendo una obra maestra.
De ella el propio Orson Welles dijo: “The Magnificent Ambersons” es la única de mis películas que he visto después de terminada y estrenada. Era una película mejor que Ciudadano Kane si la hubieran dejado como yo la hice.
Lo mas significativo quizás del producto final en el que se convirtió la película reside en que Welles planteó todo él como un filme eminentemente pesimista, donde los perso¬najes más reaccionarios e inmovilistas sufren las consecuencias de su falta de adaptación a los nuevos tiempos, y, sin embargo, observamos con sorpresa cómo el desenlace apuesta por un artificial happy end, con los personajes interpretados por JOSÉph Cotten y Agnes Moorehead uniendo su destino, que rompe con ese pesimismo innato que debería presidir la historia. Las escenas finales, rodadas a espaldas de Welles por otros directores de la RKO, como Robert Wise, fueron añadidas sin el consentimiento del director, con el objetivo de dulcificar la conclusión desesperanzada y que el propio director tildaba de muy dura, que quería dar a la película.
El motivo de esta amputación y manipulación se debe fundamentalmente a que la política de los grandes estudios que imperó en Hollywood desde sus orígenes hasta finales de los años 50, chocaba con la posibilidad de desarrollar un cine de autor, pues la película, incluso entendida como obra artística, era propiedad de un estudio o de la productora. Eran los tiempos en que el cine se concibió como una industria y el resultado final era obra de un conjunto de personas. El director podía elegir sus proyectos, escribirlos y dirigirlos, pero rara vez tenía el control del montaje definitivo. La idea de una política de autor, a la manera en que años después pondría de manifiesto la “nouvelle vague”, aún estaba lejos.
Sólo algunos privilegiados como Ford, Hitchcock o Huston eran capaces de controlar todo el proceso de producción de una película, invirtiendo su dinero en la producción y teniendo que revalidar económicamente esas producciones de tal forma que la rentabilidad fuera, al menos, pareja al resultado artístico. En caso de que esto no fuera así, los estudios redirigían la carrera de aquellos que, aun teniendo una posición privilegiada en la Industria, no habían llegado en ocasiones a resultados económicos satisfactorios, como fue el caso de Erich Von Stroheim para dejar constancia de la decadencia de una carrera.
Sin embargo, Orson Welles fue un privilegiado pues su fichaje por la RKO después de la repercusión de “La guerra de los mundos”, llevó consigo una serie de ventajas inalcanzables en ese momento para otros creadores. Entre otros, le permitió una serie de ventajas, como desarrollar su historia, contratar sus colaboradores y escribir, actuar y dirigir en sus propias películas, conservando incluso el derecho al montaje final del filme. que le garantizaban un nivel de control artístico privilegiado dentro del contexto de la industria y la política de estudios. De hecho, durante el proceso de “Ciudadano Kane” estas reglas se respetaron con bastante fidelidad y el resultado final responde a lo que Welles quería realizar.
Pero a pesar de que la repercusión crítica de “Ciudadano Kane” fue muy positiva y se describió como una obra colosal el camino de Welles no fue fácil de recorrer. Welles tuvo que luchar con el magnate Hearts que vio en el retrato de Kane una descripción excesivamente cercana y peyorativa de su persona y como consecuencia de que Ciudadano Kane no obtuvo un gran resultado de taquilla.
Pero esta libertad artística de la que pudo disfrutar en Ciudadano Kane ya no tuvo continuidad y, desde luego, no “The Magnificent Ambersons”. Welles pudo planificar el rodaje de “El cuarto mandamiento”, elegir sus colaboradores, escribir y dirigir el filme, pero una serie de circunstancias adversas facilitaron el que la RKO se hiciera con el control final del filme. Esas circunstancias son, las que, según muchos, hicieron de la carrera de Welles, un compendio de ocasiones frustradas.
Y un triste ejemplo de esta situación lo tenemos en “El cuarto mandamiento”. Welles, hombre inquieto, incapaz de centrarse en un único proyecto, diversificaba sus actuaciones en diferentes líneas de trabajo, por lo que mientras rodaba “El cuarto mandamiento”, participaba como actor en otros filmes como “Estambul”, planificaba los próximos proyectos o realizaba la grabación de una serie de programas radiofónicos.
A pesar de las mutilaciones y los añadidos, todavía podemos encontrar el sentido último de lo que “El Cuarto mandamiento” nos quería contar (Welles siempre diría que los cinco primeros rollos del filme están tal y como él los montó).
Así, para alguien que quiera conocer el estilo de Welles o quiera apreciar lo qué es la profundidad de campo o las posibilidades del montaje este filme no desmerece en absoluto respecto a otras obras suyas.
Pero el problema fue que el crédito con el que contaba Welles se agotó completa-mente pues tras los problemas con “El cuarto mandamiento”, Welles tampoco llegó a completar un proyecto que estaba filmando en Brasil, “It’s all true”.
A partir de ese momento, Welles sufrió para poder imponer su estilo en cada nueva película, formándose una leyenda en torno a la realización de sus filmes que llegaba a competir en protagonismo con la propia repercusión artística.
“El cuarto mandamiento” queda como constancia fílmica de la rebeldía de Welles frente al método tradicional de Hollywood y la historia sobre un mundo viejo que pronto entrará en decadencia frente al impulso de la evolución social. Supuso una digna metáfora de la lucha de un artista por mantener siempre su manera de concebir las películas frente a los férreos dictados de los grandes estudios.
Y es que Welles, a pesar de todas las dificultades y las incomprensiones por las que pasó para realizar cada una de sus obras, siempre pudo dejar una profunda huella sobre lo que quería expresar en cada fotograma que filmó.