
Julia
30/09/2022
El prestamista
28/10/2022
FICHA TÉCNICA
Título original: El cochecito
Año: 1960
Duración: 85 min.
País: España
Dirección: Marco Ferreri
Guion: Rafael Azcona, Marco Ferreri
Música: Miguel Asins Arbó
Fotografía: Juan Julio Baena (B&W)
Reparto: José Isbert, Pedro Porcel, María Luisa Ponte, José Luis López Vázquez, Antonio Riquelme, Chus Lampreave, Antonio Gavilán Productora: Films 59. Pere Portabella.
Género: Comedia negra
Sinopsis:
Don Anselmo, un anciano ya retirado, decide comprarse un cochecito de inválido motorizado ya que todos sus amigos pensionistas poseen uno. La familia se niega ante el capricho del anciano, pero él decide vender todas las posesiones de valor para comprárselo.
PRESENTACIÓN "El cochecito"
Crítica “benigna” positiva:
Extractamos de Antonio Giménez-Rico, una crítica realizada en Cinema Universitario- en el año 1960.
...”Con una guion sencillo en apariencia, pero tan rico en complejidades, Rafael Azcona, con la ayuda de un director italiano casi debutante, Marco Ferreri, y la de un actor sublime y excepcional, José Isbert, compusieron en 1960 uno de los más terribles alegatos en defensa del hombre frente a la familia y la sociedad. Una película, El cochecito, tremenda, feroz, espeluznante, pero divertida como pocas, que marcó de forma determinante el sentido del mejor cine español que se hizo después.
Si en alguna de sus historias Rafael Azcona presentó al hombre como víctima de una sociedad que le manipula, atosiga y fuerza a hacer lo que no quiere, en El cochecito, a ese mismo hombre, el pobre don Anselmo, se le impide hacer lo que quiere, presionado por la ceguera e incomprensión de cuantos le rodean, empezando por su familia, de la que es su más directa víctima. Sin embargo, y pese a lo que pudiera parecer, El cochecito, como lo fuera antes El pisito, y más tarde Plácido y El verdugo, estas dos ya con Berlanga, son películas sencillas y divertidas, en las que el humor, muchas veces salvaje y siempre sarcástico, prevalece por encima de la ferocidad de las situaciones. Porque aquí lo trágico esta siempre visto desde el prisma del humor, que no sólo no suaviza las atrocidades que cuenta, sino que las hace más terribles y negras, pese a resultar aparentemente más digeribles.” …
“La influencia tan decisiva del tándem Azcona-Ferreri en algunas de las mejores películas españolas de todos los tiempos, no termina en su particular forma de entender la tragicomedia, el sainete trágico o como se le quiera llamar a tan singular invento, sino que afecta incluso a una muy personal forma de entender la puesta en escena, prevista desde la misma escritura del guion, que acota con minuciosidad algunos de los mejores hallazgos de ésta. Desde, por ejemplo, la nada caprichosa utilización del plano-secuencia, cargado siempre de sentido y expresividad, hasta el inteligente uso de la profundidad de campo, con dos, tres o más acciones y diálogos simultáneos dentro del cuadro, valorando de forma sumamente enriquecedora los detalles, objetos y fondos visuales, dentro del más riguroso control del ritmo interno de cada plano.
Y qué decir de los actores. Esa galería de geniales actores, que actúan sin que jamás se note la actuación, ayudados, claro es, por la sabia construcción de unos diálogos prodigiosos en naturalidad, ritmo y armonía. Actores pertenecientes a esa rara estirpe de intérpretes de nuestro mejor cine y teatro, que logran en esta película composiciones inolvidables, como las de los tristemente desaparecidos Lepe, Porcel, Ángel Álvarez, María Luisa Ponte, Riquelme... o los felizmente en activo López Vázquez, Chus Lampreave, José María Gavilán, María Isbert... presididos por el genio de José Isbert, que con su cuerpo, su rostro, su mirada, consigue transmitir como pocos esa triste sensación de soledad, inutilidad, desesperación, angustia y egoísmo, en uno de sus mejores trabajos, lo que no es poco decir si recordamos su brillantísima filmografía.
Sorprende, también, en El cochecito la increíble capacidad de observación de su director, para no sólo retratar este microcosmos social con el rigor de un entomólogo, sino también los ambientes y escenarios de un Madrid intencionadamente despersonalizado y gris, en ocasiones sucio, con hallazgos visuales de matices y detalles, propios de un sabio conocedor de nuestra mejor tradición de pícaros y saineteros, impensable en un italiano casi recién llegado.
Como el tratamiento de la anormalidad y su alegría y ganas de vivir, frente a la mezquindad, tristeza y aburrimiento de la supuesta normalidad. Sin olvidar nunca la ternura que, pese a la crueldad atroz del relato, sale a flote en ocasiones, como cuando aquel joven y enamorado tetrapléjico profundo, sumido en un patético cochecito que ni él mismo puede manejar, le dice inocentemente feliz y encantado a su novia: «En la vida no se puede tener todo, Julita».”
Crítica “maligna” negativa:
La crítica negativa más cabal es la de Román Gubern en “Cinema Universitario” n. 13 de diciembre de 1960: “Antes de ser estrenada en nuestras pantallas Elcochecito, de regreso tras un triunfal viaje por tierras italianas y británicas, era esperado en nuestro país con un clima de ansiedad y de impaciencia. En Venecia había obtenido El cochecito el premio de la FIPRESCI y en Londres la crítica inglesa había ensalzado con unanimidad la película. Incluso un rotativo británico de gran tiraje, el Evening Standard, con motivo de su proyección había iniciado una encuesta pública sobre los problemas sociales que plantea la vejez. Con motivo de El cochecito han recordado algunos críticos la tradición literaria de Quevedo, los «esperpentos» de Valle Inclán y hasta se ha hablado de un nuevo renacimiento del cine español. Pero ocurre, con harta frecuencia, que la crítica extranjera no siempre ha demostrado gran tino o comprensión al juzgar nuestra producción nacional. Por esta razón El cochecito llegaba a nuestras pantallas rodeado de una aureola de ansiedad y de expectación”.
“El problema de El cochecito es, como lo fue el de Umberto D, de Zavattini-De Sica, el tema doloroso de la soledad de los viejos y de la incomprensión del mundo que les rodea (en la película italiana el aspecto material -económico- de este desamparo estaba más enfatizado. En El cochecito se subraya en especial la incomprensión familiar, aunque tocando a partir de ella el problema económico)El tema es importante e invita a utilizar el vehículo expresivo del humor negro para patentizar con fuerza y eficacia esta situación que es ciertamente real. Pero he aquí que Azcona, prefiriendo el disparate de la pura anécdota al conflicto que nace de la incomunicabilidad de unos seres, busca la más insólita y peregrina de las situaciones: un viejo desea adquirir un cochecito de paralítico, con el objeto de poder participar de la vida de sus amigos reducidos a aquella triste condición y tropieza con la oposición de su familia. Como situación considerada en abstracto, es un ejemplo perfecto de tema apto para ser desarrollado, en humor negro, pero considerado en relación con el problema real, como situación capaz de evidenciar al espectador un conflicto que rebasa lo psicológico para convertirse en social, la situación hace patente una insuficiencia absoluta. Para el espectador que reflexiona ante las imágenes de El cochecito resultará contundente que la familia de Don Anselmo hace muy bien en no comprar el cochecito de invalido al viejo, conclusión que corroborará tan pronto como trate de situarse con objetividad en la posición de algún miembro de la familia.
La conclusión normal de la película será, pues, la de que la familia tiene razón y la de que el pobre Don Anselmo ha comenzado a chochear, conclusión debida al carácter insólito y desquiciado de las premisas argumentales. La otra vertiente del problema, el problema del viejo, nunca llega a imponerse como evidente y real al espectador por lo disparatado del capricho. Al fallar uno de los dos elementos dialécticos de la película el conflicto deja de existir, por lo menos en forma convincente, con todo lo que ello supone en la valoración objetiva del problema. La excesiva distorsión ha concluido por cortar el cordón umbilical que siempre debe unir la obra a la realidad.”
“Azcona y Ferreri se han dejado seducir, a lo largo de toda la película, por la búsqueda de lo insólito, de la sorpresa, de lo anormal, de lo inesperado, resultando que esta preocupación, que a fin de cuentas conduce a resultados más fáciles y menos
sinceros, como ha demostrado Fellini, acaba por ocultar el problema. Lo que en El pisito aún quedaba vivo, el problema, acaba por desaparecer en El cochecito, engullido por una excesiva y visible preocupación narcisista de sorprender al espectador con los recursos del ingenio y con el puro chiste (lo que un esteta llamaría «el chiste por el chiste»). Y como ejemplo ahí están los obreros que en fila india transportaban por la calle sobre sus cabezas unos waters, y que en la versión original silbaban además la marcha del río Kwai, mucho más cerca del surrealismo francés que del neorrealismo italiano, del que Ferreri se dice tributario. O el idilio entre el paralítico, manco de ambos brazos, con Julita, que arrastra su cochecito con una cuerda. La búsqueda del simple «gag» y del efecto insólito a todo trance ha a hecho Azcona y a Ferreri olvidar que estos elementos sólo pueden ser utilizados para evidenciar y hacer más claro, y patente un problema y ayudar a que el espectador lo comprenda, dándole el máximo de elementos de juicio posible. Cuando el chiste o el «gag» están desprovistos de esta función constructiva, entonces hay que hablar de una elegante pirueta en el vacío, capaz de estrellar el sentido de la película.
Y esto es una lástima porque la película contiene bastantes valores positivos que conviene destacar, además de la excelente interpretación de José Isbert. Hay a lo largo de toda la película un deseo cierto de describir el ambiente y los personajes de una familia española de clase media, ayudándose con una fotografía rigurosamente funcional y con el empleo de una muy eficaz banda sonora de intención descriptiva, muy cuidadosa con los segundos términos sonoros. Hay, cuando la desquiciada pirueta anecdótica no destruye la realidad, un visible deseo de construir un nuevo tipo de cine cómico de raíz realista y emparentado con elementos de nuestra tradición cultural, lo que proporciona un aire de «novedad» a la película, que no ha escapado a los críticosextranjeros. Hay fragmentos en los que los resortes del humor negro muestran descarnadamente todo el alcance y las limitaciones de su eficacia, como en la secuencia de los dos viejos en el cementerio o en la comida del hijo de la señora marquesa, tributo rendido al codornicesco dibujante Serafín. Pero la película, con toda su carga de fragmentos y de valores positivos, se revela irregular y, sobre todo y lo que es más grave, insuficiente, porque el deseo de sorprender al espectador y el agigantamiento de lo grotesco, han concluido por matar a lo único que puede mantener con vida y justificar la creación de una película: la exposición clara y honesta de un problema real ante una masa de espectadores.
La lección de Bienvenido Mister Marshall, en donde el humor servía para sacar a la luz un conflicto y subrayar un problema, sigue vigente para nuestros directores y guionistas, señalando el camino a nuestro cine de humor. Un cine vinculado a nuestra
realidad social, un cine en el que la caricatura de los tipos no sea tan dislocada como para hacer olvidar el modelo original, un cine que revele a nuestro público la verdadera faz de las cosas. Un cine, en resumen, sincero, valiente y eficaz.”
Mi análisis iría más por el lado de la crítica de R. Gubern, puesto que estéticamente, como analizaremos en el coloquio , el abuso de lo grotesco lleva hacia una pérdida de la verosimilitud y de la crítica social.
PARA EL COLOQUIO
El Cochecito vs. El Verdugo, Gimenez-Rico vs. R. Gubern…
2.- La búsqueda-pérdida del “Objeto simbólico”en el Neorrealismo: La bicicleta (Ladrón de Bicicletas), el perrito (Umberto D), el coche ( El Cochecito), la moto carro (Placido), el “empleo” digno (El Verdugo) , la “ dignidad moral” del delator (Roma, ciudad abierta) , etc.
3.- Condiciones de posibilidad para un cine artístico y social. Los casos en el Neorrealismo crítico español e italiano: “El Verdugo” ,“Placido” ,“Bienvenido Mrs. Marshall”, “Umberto D”, “Ladrón de Bicicletas”, “Roma, ciudad abierta” …
4.- La técnica cinematográfica en el Neorrealismo: Trabajo con actores no profesionales, rodaje en exteriores en escenarios naturales y abandono de los Estudios cinematográficos; empleo del: blanco y negro, plano secuencia, profundidad de campo , elipsis, etc.
5.- Otras aportaciones…
Julián Sánchez.