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25/05/2012
FICHA TÉCNICA
Título original “Brief Encounter”
Año 1945
Duración 85 min.
País Reino Unido
Dirección David Lean
Guión: David Lean, Anthony Havelock-Allan, Ronald Neame (Obra: Noël Coward)
Música: Sergei Rachmaninoff
Fotografía Robert Krasker (B&W)
Reparto: Celia Johnson, Trevor Howard, Stanley Holloway, Joyce Carey, Cyril Raymond, Everley Gregg, Valentine Dyall.
Productora Cineguild
Género: Romance. Drama | Drama romántico. Melodrama.
Sinopsis:
Laura Jesson es un ama de casa algo aburrida de la rutina que vive con su marido y familia. Una vez a la semana suele ir a la ciudad de compras. En uno de esos viajes rutinarios, Laura coincide con el Dr. Alec Harvey en la sala de espera de la estación de ferrocarril. Ambos son de mediana edad, casados y tienen dos hijos cada uno. Comienzan a hablar, y tras disfrutar cada uno de la compañía del otro, ambos continúan reuniéndose semanalmente para tomar café en la sala de espera de la estación mientras esperan sus respectivos trenes de regreso a casa. Pero pronto ambos se dan cuenta de que su relación inocente y casual se está convirtiendo en un amor tan intenso como prohibido. (FILMAFFINITY)
PRESENTACIÓN "BREVE ENCUENTRO"
Una arenilla en un ojo, un cruce de miradas y el Concierto para piano nº 2 de Rachmaninoff. Así empieza una de las historias de amor más bellas del cine: “Breve encuentro”. Un hombre y una mujer, ambos de edad madura, casados y con hijos, se conocen fortuitamente en una estación de tren y… no puedo leer más.
Yo preguntaba en el cartel de anuncio del cine club: ¿Cuántas veces pasa el tren por nuestra vida? ¿La vida ofrece segundas oportunidades? Lo vuelvo a preguntar
Presentemos primero, porque es lo más importante del film, a su director, David Lean.
Sí. El mismo que hizo “El Puente sobre el río Kwai”, “Lawrence de Arabia”, “Doctor Zhivago”, o “La hija de Ryan”. Pero hizo otras películas antes. Y entre ellas ésta que vamos a ver hoy. Y una más, a los setenta y cinco años, después de catorce inactivo, titulada “Pasaje a la India”. Obtuvo 27 Óscar para el total de todas sus películas, que es un buen dato a tener en cuenta.
Con “Breve Encuentro” ganó la Palma de oro del Festival de Cannes y obtuvo 3 nominaciones a los Óscar (director, actriz y guión adaptado). Se estrenó en 1945 con un guión que escribió Noel Coward basándose en su propia obra dramática.
Entre los actores destaca por encima de todos Celia Johnson, una actriz de la escena poco conocida por el cine, apenas media docena de películas, ninguna de ellas destacable, a no ser “Breve Encuentro”. Trevor Howard y un reparto de buenos y seguros secundarios provenientes del teatro inglés.
Trevor Howard pasó a la historia del cine por el personaje que hizo en esta película, pero ahí están “El tercer hombre”, “La llave”, “Las raíces del cielo”, “Rebelión a bordo” y, más tarde, “La hija de Ryan”.
La fotografía, de Robert Krasker, es el cuarto valor a tener en cuenta, creando composiciones de extraordinaria belleza plástica, que incluyen ambientes desolados, fríos e inquietantes.
Es muy importante situar la película en su contexto social y político, en un momento en el que la mujer británica había alcanzado niveles insospechados de independencia a raíz de su participación activa en el esfuerzo de la Segunda Guerra Mundial, de ahí la oportunidad del tema.
También quiero recordar la frase que viene en el cartel y que dice la protagonista en la película: “Soy una persona corriente y nunca pensé que a las personas corrientes les sucedieran estas cosas…”. ¿Pueden aún suceder estas cosas?
Atentos a los trenes, a la estación donde sucede la historia. Ya desde el primer plano de la película, mientras aparece el título, en esa noche de la estación neblinosa No van a olvidar la presencia del tren, hasta su sonido (que solamente escucha ella), cuando está en casa con su marido,
Atentos a la insoportable y parlanchina amiga, y cómo estropea el último encuentro de los dos protagonistas.
Fíjense en esa mano de Trevor Howard posándose levemente sobre el hombro de ella, Celia Johnson, cuando se despide. El sombrero del marido en primer término cuando ella llega a casa tras una primera cita.
El plano picado con la estatua que parece contemplar su “pecado” mientras Celia pasea por las moribundas calles. Observen cómo ella mira y coge los calcetines del protagonista en la escena en que él se cae al agua.
La sobreimpresión de un plano de la estación, y otro de ella sentada en el sofá de su casa (como si estuviera viendo la escena anterior de nuevo), y después surge el resto del plano, con su marido enfrente.
La amiga a la que la protagonista llama y pide un favor, y ésta, mientras contesta, se arregla las cejas nada interesada en lo que le cuenta.
Observen en el segundo encuentro de los protagonistas en la cantina, donde se ve claramente cómo se atraen mientras el diálogo va por otro lado. Al director le importan más los rostros de sus actores que lo que dicen.
PARA EL COLOQUIO
Ni Celia Johnson ni Trevor Howard tienen glamour, ni son grandes estrellas. Pero ahí está la película, y ninguna versión moderna ha podido con ella, ni aunque la interpreten Sofía Loren y Richard Burton.
Es una de las películas más bellas, románticas y tristes jamás realizadas. Amarga. Intensa. Hermosísima. Nunca he disfrutado tanto a la vez que se me humedecían los ojos.
Hay una frase que escuchamos al protagonista, cerca ya del final: “Perdóname por todo, por haberte conocido, por haber extraído la arenilla del ojo, por quererte, por haberte causado tristeza”. ¿Nos gustaría que alguien nos dijera estas cosas hoy?
Y ese marido que le dice a ella en la escena final: “Has estado muy lejos… Gracias por volver a mí”. Y no pregunta nada, jamás sabremos lo que piensa. ¿Qué piensa el marido? ¿Sabe? ¿Sospecha, pero como es educado e inglés calla?
¿Siguen dándose esos desgarrados y a la vez aparentes abrazos a los maridos, como el que tan tristemente cierra esta película?
Y me hago una reflexión: ¿aún existen amantes que se esconden en la noche a pesar de que vivimos en una sociedad más permisiva?
¿Continúa existiendo ese inexplicable sentimiento que lleva a cometer felices y arriesgadas locuras en nombre del amor, o la aventura?
Yo preguntaba en el cartel de anuncio del cine club: ¿Cuántas veces pasa el tren por nuestra vida? ¿La vida ofrece segundas oportunidades? Lo vuelvo a preguntar.
Y, también en el mismo cartel, copié una frase que dice la protagonista: “Soy una persona corriente, y nunca pensé que a las personas corrientes les sucedieran estas cosas…”. Y lo que me pregunto y les pregunto es: ¿Nos pueden pasar estas cosas a las personas corrientes?
¿Han observado cómo la protagonista le cuenta al marido (sin que él escuche nada, porque la voz solamente está en su cabeza) cosas de su amante?
¿Han advertido, cuando volvemos al presente, cuando se ha acabado el flasback que es toda la película y de nuevo estamos en el principio, cómo el director vuelve a contar la misma escena, los mismos diálogos, pero los planos son distintos? Se repite la escena, pero de otra manera, viendo cosas que antes no vimos.
¡Y esa música envolviendo toda la película, el Concierto número 2 para piano y orquesta de Rachmaninoff, que, a pesar de que suena insistentemente, es también una de las piezas más arrebatadoramente románticas de la historia de la música! Y cómo es utilizada esa música, incluso suena cuando la protagonista pone la radio en su casa mientras imagina cómo le cuenta la verdad de sus sentimientos a su marido.
El dilema está claro, aunque la decisión no es fácil: seguir juntos y romper sus respectivos matrimonios... o dejar de verse para siempre. ¿Qué se hace en estos casos?
La historia de amor se desenvuelve de forma tan natural que la infidelidad se presenta como algo casi razonable, inevitable. ¿O no lo aprueban ustedes? Y ese final, tan melancólico, tan despiadado, tan real y a la vez tan poco convencional.
Pese a ser un film relativamente modesto, que fue rodado en 1945 en su mayor parte en estudio, con únicamente algunas localizaciones reales, como la estación en la que se conocen los personajes, a mí, los decorados me han parecido, en general, bastante reales.
JESÚS YAGÜE