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FICHA TÉCNICA
Título original "Accident"
Año 1967
Duración 105 min.
País Reino Unido
Dirección Joseph Losey
Guión Harold Pinter
Música John Dankworth
Fotografía Gerry Fisher
Reparto: Dirk Bogarde, Stanley Baker, Jacqueline Sassard, Michael York, Vivien
Merchant, Delphine Seyrig, Alexander Knox, Ann Firbank, Brian Phelan, Terence
Rigby, Freddie Jones, Jill Johnson, Jane Hillary, ver 5 más
Productora Royal Avenue Chelsea
Género Drama | Colegios Universidad
Sinopsis:
Una joven estudiante de Oxford se ve envuelta en un accidente en el que como consecuencia muere su novio. Desesperada, sólo encontrará consuelo en un sereno y cálido profesor universitario. (FILMAFFINITY)
PRESENTACIÓN "ACCIDENTE"
Recordaba Harold Pinter (el dramaturgo, guionista, actor, que recibió el Premio Nobel de Literatura en el año 2005) una reunión con el productor Sam Spiegel, que financió la escritura del guión de Accidente (nuestra película de hoy), en el que trabajó con Joseph Losey: "Cuando terminé el guión, Spiegel lo leyó y nos pidió que nos reuniéramos con él en su oficina. Se sentó detrás de su mesa de productor, con el guión en la mano, y nos miró fijamente. "¿A esto lo llamáis un guión?», dijo. «No sé quién es esta gente, no sé de dónde salen, no sé qué hacen. No sé quién hace qué ni por qué, no sé qué quieren, no tengo ni la menor idea de lo que está pasando, ¿cómo podéis llamar a esto un guión?".
"Losey y yo nos quedamos sentados en silencio. Finalmente, Losey dijo, "Yo sí sé lo que está pasando." "Yo también", dije. "Puede que vosotros dos sepáis lo que ocurre", contestó Spiegel. «Pero, ¿y los millones de campesinos chinos?" "Nos marchamos con el guión a otra parte".
Joseph Losey dejó su quinta película sin terminar, pues a mitad de rodaje fue citado a comparecer ante el Comité de Actividades Antiamericanas y, sin perder tiempo, optó por exiliarse a Europa. Cuando Losey huyó, el pliego de acusaciones contra él era tan desmedido, ya desatada en Hollywood la caza de brujas, que de haberse quedado hubiera acabado en prisión. Se le acusaba de haber formado parte, en 1947, del Marx's Study Group, un vivero del izquierdismo neoyorquino, lo que, unido a sus dos viajes a la Unión Soviética, donde estudió teatro y cine, y a su vinculación al dramaturgo comunista (fugado de la Alemania de Hitler) Bertolt Brecht, del que estrenó en teatro "Galileo Galilei", protagonizado por Charles Laughton, formaban un equipaje tan comprometido que si se hubiera quedado en Estados Unidos nadie hubiera apostado por su futuro.
Según cuenta Joseph Losey, en 1948, el célebre productor Howard Hughes comenzó a elaborar listas negras en la RKO, la productora para la que él trabajaba entonces. Al parecer, "se dedicaba a ofrecer a los cineastas del estudio la dirección de un film llamado "I Married a Communist" (Me case con un comunista). Losey declinó la propuesta, al comprender que la falsa película no era más que una trampa para determinar quién era "rojo"... (Hughes consideraba que aceptar la oferta de un film con tan peculiar título dejaría al descubierto la ideología del director)... Lo sorprendente es que se hizo la película al año siguiente y fue dirigida por Robert Stevenson, un director sin mucho talento pero que hizo diversas películas para Walt Disney, entre ellas, "Mary Popins". También llama la atención que, este film anticomunista, tras un mal preestreno a fines de 1949, los directivos de RKO decidieron cambiarle el título debido a que pensaron que el original ("Me casé con un comunista"), no atraía al público, y bautizaron la película como "La mujer en el muelle". Y lo que es del todo sorprendente, y estoy seguro de que algo tiene que ver (no lo recuerdo, a pesar de que he leído el libro y el resto de su obra), y de ahí seguramente viene su título, existe una novela de Philip Roth titulada precisamente "Me casé con un comunista", publicada en 1998, pero que sucede en 1951, en pleno apogeo del macartismo.
Existe una palabra en alemán de difícil traducción y más difícil pronunciación, que escrita es Verfremdungseffekt, y que se puede traducir como "efecto de alineamiento" o "efecto de extrañamiento" y, principalmente, como "efecto de distanciamiento"" que es fundamental para la comprensión necesaria de "Accidente" y toda la colaboración de Joseph Losey con Harold Pinter y la influencia en ambos de Bertold Brecht.
Bertold Brecht estudió concienzudamente el teatro griego, pero fundamentalmente el japonés y el chino de dónde sacó unas cuantas enseñanzas que después llevaría a su teatro (el uso de las máscaras, el vestuario, la utilización de las canciones o el baile, los actores separándose de sus personajes), partiendo de la concepción marxista del teatro, que éste tenía. "El público debe reflexionar de una manera crítica y objetiva. Porque si se produce una identificación con los personajes, el espectador pierde una parte de sí mismo, impidiéndole reflexionar objetivamente sobre lo que va a suceder en el escenario".
En una carta enviada a un amigo, Brecht terminaba con esta sentencia: "No habrá arte en el teatro hasta que el último espectador haya sido ahorcado con los intestinos del último actor". También escribió, de una manera más suave, "Habría una salida si se creara un drama que no tuviera que ser creído, o si se creara un drama que pudiera ser creído nuevamente. […] un drama que no buscara ni necesitara la fe del espectador".
En cuanto al trabajo de Losey en este sentido, hablando de Accidente, además de los diálogos de la pluma ácida y desacostumbrada de Pinter, y su visión cínica, fría e irónica -relata el crítico Ángel Fernández Santos- "Losey sabe crear un cierto efecto de distanciación (siendo su captura algo más complicada que en el teatro), haciendo que la emoción no prime sobre todo". El resultado es un equilibrio entre la emoción y la reflexión, pero se sirve sobre todo (nota mía: del inusitado montaje, el uso de la música), de los actores para introducir "el efecto distanciación en el relato de su película. Y tanto Dirk Bogarde como el resto de los intérpretes actúan con un raro e intenso automatismo, lo que permite observarlos como sujetos de la acción y como objetos de ella, indistintamente". Y el crítico continúa: "No hay para el espectador una identificación con los personajes a pesar de sentirse implicado emocionalmente. Losey mantiene la cabeza muy clara para que lo que está en juego ideológicamente, política, social y psicológicamente, sea puesto en su sitio, organizado en su cabeza gracias a esa "distanciación".
Cuatro son las películas nada más, de entre un total de treinta y cinco -que son las que realizó Losey-, donde éste pudo llevar a cabo con absoluta libertad la puesta en prác¬tica de las enseñanzas de Bertolt Brecht para el teatro. Tres de ellas -"El sirviente", "Rey y Patria" y "Accidente" fueron realizadas entre 1965 y 1966- y más tarde "El mensajero", en el 71, pero este exiguo número de cuatro es una incontestable muestra de su maestría y componen una de los escasos cuerpos de cine de izquierda del que puede alardear la industria cinematográfica europea. Y así como "Rey y patria" parte de una obra de teatro de John Wilson (sin la intervención de Pinter), podríamos añadir entre las buenas películas de Losey, a "El otro señor Kleine", con guión de Francisco Solinas y Costa Gravas, con lo cual ya serían cinco las que siguen las propuestas de Brecht y la concepción de ciertas influencias marxistas por parte del director.
Pero en contrapunto, no hay que olvidar que Losey tuvo buenos proyectos en sus manos, si bien se vio obligado a transigir con historias mal concebidas en la mayoría de sus otros títulos y asimismo por presiones impuestas, y no pudo continuar con el trabajo que hubiera podido realizar de contar con la ayuda de Harold Pinter, así que, entre otras películas, hizo "Ceremonia secreta" (con Elizabeth Taylor, Mia Farrow y Robert Mitchum ), "La mujer maldita" (con Elizabeth Taylor y Richard Burton), o "El asesinato de Trots¬ky", (con Richard Burton, Alain Delon y Romy Schneider), sin embargo no le salió bien la baza comercial de contar con buenos y populares actores pero donde las historias resultaban bastante tradicionales y cercanas a los métodos habituales, en el peor sentido. Y en cambio se quedaron sin hacer dos proyectos muy queridos de Losey y Pinter en los que volvieron a trabajar juntos y donde Losey perdió años de su vida batallando, intentando montar ambas películas cuando los guiones ya estaban terminados. Estas hubieran sido "En busca del tiempo perdido", la extensa novela de Marcel Proust (¡tres mil páginas!) y "Bajo el volcán", escrita por Malcolm Lowry, novelas que fueron construidas un tanto "a favor de obra", pues ambas son cercanas a los criterios de ambos -la distanciación y un acercamiento al cine de izquierda-, por lo que tanto luchó Losey en sus obras.
Por su parte Harold Pinter, ya situado como guionista de prestigio, tuvo más suerte e hizo, entre otros, los guiones de "El último magnate" (según la novela inacabada de Scott FitzGerald, que dirigió Kazan), "La mujer del teniente francés" (novela de John Fowles que dirigió Karel Reisz) y "El placer de los viajeros", (novela de Ian McEwan que dirigió Paul Schrader). Tres proyectos a los que, en principio, Joseph Losey les hubiera sacado mucho más partido a través del contenido de las novelas y lo que pudiera haber elaborado junto a Pinter en sus guiones.
Entre las películas de los cuatro protagonistas de "Accidente" podemos recordar las de Dirk Bogard, "Muerte en Venecia", "Portero de noche", "La caída de los dioses" o "El sirviente" (que vimos en nuestro cine club). De Stanley Baker, "Zulú", "Eva" o "El criminal". De Michael York, "Cabaret", "Los cuatro mosqueteros" o "Fedora". De Jaqueline Sassard, "Guendalina" o "Verano violento". De Vivien Merchant, "Alfi" o "Frenesí".
Harold Pinter iniciaba en 2005 su discurso de aceptación del Premio Nobel con estas palabras: "No hay distinciones absolutas entre lo que es real y lo que no lo es, ni entre lo que es verdadero y lo que es falso. Una cosa no es necesariamente o verdadera o falsa; puede ser a la vez verdadera y falsa."
Maruja Torres escribió en una crónica en la que hablaba de Losey, con motivo de que éste fuera invitado al Festival de Cine de San Sebastián: "Lo que más te impresionaba de él era cómo defendía todo su cine este hombre anciano, pero no derrotado, que había luchado desesperadamente, y así lo hizo hasta el final de su vida, para trabajar en aquello en lo que creía.".
Y una frase de Losey para terminar ésta presentación: "En el momento en que la emoción detiene el pensamiento del público, el realizador ha fallado".